Luego de haber leído y escuchado todas las cosas que se han dicho sobre la familia Pomar, los amigos de Fernando sentimos una profunda necesidad de decir quién era él y cómo fue su vida al lado de Gabriela y de sus hijos. Fernando fue en esencia un tipo normal, como cualquiera de nosotros. El común denominador en más de treinta años de amistad fue su compromiso con sus afectos. Sus amigos y su familia fueron el eje de su vida. Fue un amigo leal, de esos con los que siempre podemos contar. Carismático, sensible, rigió su vida fiel a sus valores. Fue protector de sus seres queridos y también supo pedirnos ayuda cada vez que la necesitó. La etapa más luminosa de su vida, la más fructífera, fue desde que conoció a Gabriela. Al lado de ella creció profesionalmente, espiritualmente, y formó una familia a la que adoraba. Por eso es que siempre hemos considerado que las hipótesis de violencia y abusos, de las que tanto se ha hablado, eran tanto una pérdida de tiempo como una injusticia. Los amigos de Fernando queremos agradecer a quienes se solidarizaron con sus familiares durante todos estos días de angustia y dolor. También va nuestro reconocimiento para aquellos medios de comunicación que acompañaron con profesionalismo, seriedad y respeto. El trágico final de nuestro amigo y su familia nos ha obligado a reflexionar sobre el pesado costo que representan para una sociedad aquellas personas que, sea desde el ámbito que sea, no hacen su trabajo con el compromiso, el amor y la vocación de servicio que se espera de ellos. Quiera Dios que la pérdida de esta familia, la angustia y el dolor que hemos vivido y las oraciones que hemos elevado no sean
en vano.


































