Los que ya pasamos los 50 años hemos sobrevivido de difíciles momentos de nuestro país. Nací con la Libertadora del 56. Me pasé la infancia escuchando marchas militares y comunicados de las juntas militares que tomaban el poder para salvar al país. En los 70 pasé mi adolescencia escuchando las bombas de los subversivos, leyendo de los asesinatos de ellos y contra ellos. Luego, la primera hiperinflacion, y de nuevo la marcha militar, prólogo de lo más nefasto que pasó después, incluida una guerra perdida. Llega la ilusión de Alfonsín que terminó en una híper, y el salariazo de Menem, que comenzó con otra híper, para pasar a la milagrosa convertibilidad, que nos dio la moneda más poderosa del mundo por 10 años. Esto terminó en la crisis más grande de la historia en manos del inoperante De la Rua. Ahora ya en la madurez, salimos de esa crisis, el mundo nos da una gran oportunidad de pasar al frente finalmente y a pesar de todo, estamos otra vez entrando en problemas. Siempre se nos dijo que nuestro país es riquísimo, que tiene de todo y es imposible de fundir. Tal vez sea real todo eso. Pero quién no vio fundirse empresas y negocios que parecían minas de oro y cayeron en las manos equivocadas y se terminaron. Llevado a nuestro país, esto ya nos pasó varias veces y no escarmentamos. No somos un país árabe que gracias a su riqueza petrolera pueda ofrecer a sus habitantes todos los servicios gratis sin cobrarlos, ni cobrar impuestos para mantener al Estado. Esto implica que los estados provinciales y municipales se tienen que manejar cobrando impuestos para poder costear los servicios que le brindan a la población y pagarles los sueldos a los empleados estatales. Quién se opondría a pagarles a maestros, policías, sueldos de 10, 15 o 20 mil pesos, si fuera mágicamente posible, por decreto. Pero ese mismo que no se opondría a ello, después no quiere pagar impuestos, y se queja porque paga 200 pesos de inmobiliario por año sobre una propiedad que vale 100 mil dólares. Entonces, ¿de dónde salen los recursos? La cuenta es clara: uno de ingreso por uno de egreso. Si falta uno el otro no puede existir. El gobierno nacional no es muy distinto a esto, salvo que tiene otras herramientas, como emitir dinero, crear nuevos impuestos y manotear cajas varias hasta vaciarlas. Antes podían tomar crédito, hoy ya no. ¿Qué hizo en todos estos años de vacas gordas? Dejó los servicios en áreas urbanas de Buenos Aires regalados a precios de 2001 para ganarse los votos. Pagó capital e intereses de deuda. Dio subsidios que nadie sabe adónde terminaron, o suponemos. Hicieron obras con costos que nadie controló. Y después de nueve años resulta que no hay un dólar, estamos llegando a un sistema similar a Cuba de controles, tenemos una inflación desbocada y otra vez sopa. Hace un tiempo conocí a un señor grande en Chile, dueño de una flota de 300 camiones. Con sus 82 años continuaba trabajando y con una lucidez envidiable. Le pregunté a que se debía el éxito de la economía chilena. Me respondió. Después de muchos experimentos, llegamos a la conclusión de que éramos un país pobre, y que nos teníamos que manejar como tal. A partir de allí, administrando los recursos como corresponde, salimos adelante No sé como terminará esta presidencia, espero que bien, aunque todo presagia que no será así. Habría que esperar que después de esta nueva desilusión la gente comprenda que no hay fórmulas mágicas, que las posibilidades del país son limitadas, que no se le puede regalar a todo el mundo, sólo asistir a quien verdaderamente lo necesite; que hay que pedir por lo de uno racionalmente y tomar conciencia de que lo que se tironea o se saca demás lo tendrá que pagar otro.

































