El mayor acelerador de partículas del mundo reanudó ayer, con una energía casi duplicada, una nueva fase de experimentos inéditos en busca de la “nueva física” que permita comprender los misterios de la materia y del universo.
Por la mañana (hora local) el Gran Colisionador de Hadrones (LHC, por sus siglas en inglés) proporcionó sus primeras colisiones de protones a la energía récord de 13 TeV (teraelectronvoltios), tras dos años de remodelación y reparaciones. En la Organización Europea para la Investigación Nuclear (Cern) de Ginebra resonaron los aplausos y se descorcharon botellas de champán. El LHC, situado en un túnel en forma de anillo de 27 kilómetros en la frontera francosuiza, está ahora listo para registrar datos con casi el doble de la energía de colisión alcanzada en el primer período de explotación, que duró tres años y que sirvió para probar la existencia del bosón de Higgs, que se supone tiene un papel fundamental en el mecanismo que origina la masa de las partículas elementales.





























