Una de las preocupaciones actuales más importante del pueblo y los gobiernos sudamericanos es las virosis que producen el dengue, chicungunya y zika. Carlos Finlay, nacido el 3 de diciembre de 1833 en Camagüey, Cuba (la fecha es referente para el festejo del Día del Médico), descubrió la importancia del vector biológico a través de la teoría Metaxénica, que consiste en la transmisión de enfermedades por agentes biológicos, de las cuales existen varias. Precisamente, Finlay descubrió la relación existente entre el mosquito aedes aegypti y la fiebre amarilla. El aedes, que significaría en latín, casa, edificio, templo, morada; de Egipto, es un insecto díptero de la familia de los culícidos y que se lo conoce vulgarmente como “zancudo” o “patas blancas”. Hace unos años comenzamos a tener casos importados y algunos autóctonos de dengue, y hace menos tiempo zika y quizás chicungunya, los tres transmitidos por el mismo mosquito, éste también es el vector de la filariasis y de la encefalitis equina. Hay referencias de casos de dengue a principios del siglo pasado en Misiones, Chaco y Corrientes. Al dengue o “fiebre quebrantahuesos”, se la relaciona con la palabra dandy, ya que los ingleses lo denominaban “dandy fever”. En estos momentos constituye una epidemia. Las tres enfermedades no tienen mayores diferencias clínicas y dermatológicas, el diagnóstico definitivo es serológico, no existen vacunas y el tratamiento es sintomático; por estas razones, la gran batalla es apuntar a eliminar al zancudo, lo cual es laborioso, y el fenómeno del Niño ha aumentado las condiciones para que la propagación del mismo aumente. Como es tan difícil la erradicación del mosquito, se trata de evitar la picadura del mismo mediante repelente, aerosoles, espirales y pastillas que los espanten, fumigaciones, destrucción de cacharros con el objeto de que no quede agua estancada que serían reservorios del mosquito. No es una tarea sencilla, la posibilidad de que esta profilaxis fracase está siempre latente; por otra parte, es conocido que algunas personas tienen una atracción especial a las picaduras de mosquitos, lo cual tornan a éstas más vulnerables. Desde que empezó la epidemia y comprendiendo todos los inconvenientes para controlarla, recordé la teoría, aún no demostrada, de que la vitamina B1, tiamina, tiene en su composición química azufre y que se elimina por el sudor, desprendiendo un olor sutil, solamente percibido por el mosquito, que termina ahuyentándolo. Esta vitamina se la conoce desde tiempos remotos para el tratamiento del beriberi, enfermedad provocada por carencia de tiamina; algunas formas clínicas menores de esta afección se corrigen con una dieta rica en alimentos que la contengan: arroz, levadura, frutas secas, huevo, por nombrar los principales. Pero para evitar la picadura del mosquito es necesario un comprimido diario de vitaminas B1, conviene administrarla junto a B6 y B12, pues estas últimas facilitarían la digestión y el metabolismo de la primera. La medicación no tiene efectos indeseables, la B12 podría aumentar el apetito, pero si no se aumenta la ingesta no produce obesidad; con la dosis mencionada es poco probable provocar una hipervitaminosis B. Es un recurso sencillo, y he observado buen resultado en múltiples pacientes; reitero que aún no está demostrado científicamente, actualmente debemos considerarla como un tratamiento empírico. En momentos como el actual, que contamos con tan pocos recursos profilácticos seguros, no está de más recurrir a él mientras llegan las soluciones definitivas.
Roberto Arpini, dermatólogo
Estamos viviendo días de latente incertidumbre a raíz de variados factores que inciden en nuestros proyectos cotidianos. A la variedad de opiniones que se suman respecto del éxito o el fracaso del esquema económico que lleva a cabo un gobierno, que apenas ha asumido sus funciones hace algo más de dos meses, hay que sumarle una marea tórrida de un verano que se ha vuelto tan agresivo como las pandemias que ha desatado para enfermar a casi todo un continente. Y a todo esto hay que sumarle la escalada conflictiva, que es de dominio público, y con la cual convive desde lejanos tiempos nuestra sociedad, que cuenta con una multiplicidad de clases sociales cuyas franjas más empobrecidas están impregnadas de un resentimiento propio de esas masas que se han visto permanentemente engañadas y nunca tenidas en cuenta, excepto para propiciar la legitimidad política de quien únicamente le ha tirado los huesos. Por eso es que tendremos que ir viendo qué pasa a medida que transcurra el tiempo, pero yo sugiero que con mucha cautela y una gran dosis de esperanza. Al fin de cuentas es vulgarmente conocido que “la esperanza es lo último que se pierde”.
Felipe Demauro
Jubilado y desesperado
Al señor presidente de la Nación, ministros, legisladores, gobernador, intendenta, concejales, no sé a quién dirigir esta carta pero estoy desesperado. Soy un jubilado de 84 años con la mínima, mi señora de 80 años, y un hijo discapacitado de 58 años, que de pesar 78 kilos ahora sólo llega a 40. No nos alcanza ni para alimentos ni medicamentos. No podemos esperar la dádiva de un aumento del 15 por ciento en marzo, necesitamos urgente el 82 por ciento móvil que fue vetado por la presidente anterior. Por favor, no nos dejen morir de hambre.
Jorge Zelikowicz
DNI 4.944.685
Demasiados robos en Funes
El sábado pasado, al llegar a mi casa en Funes, ubicada en Los Tizones y bulevar América (altura garita 15 bis), encontré la misma desvalijada. Forzaron una puerta de hierro con doble seguridad y un candado, se llevaron muchos artefactos electrónicos, TV, equipo de juegos, entre otras cosas de valor. Me llegué a la comisaría, y me di cuenta que no era el único que estaba allí por el mismo tema, había otra persona denunciando y diciendo: “Nos robaron, pero por suerte no estábamos”. El oficial, muy gentilmente me dijo que él no conocía Funes y que no tenían móviles para ir a ver el lugar del hecho y buscar huellas. Me quedé sorprendido, había dejado todo como estaba para que investigaran, ¿eso no existe más? ¿Me tengo que conformar con que me digan que no tienen móviles y personal para hacerlo? Me informó el policía que sólo podía ir a allanar una casa si yo sospechara de quienes eran los ladrones, que le indicara dónde quedaba, pero yo no creo que ninguno de mis vecinos lo sean, son personas de trabajo y de bien, ¿a quién quieren que acuse? Le pregunte al oficial por los $ 10,68 (por lote) en concepto de vigilancia que el Municipio de Funes me obliga a abonar mensualmente en la TGI, y el policía me dijo que desconocía eso, que a ellos no les llegaba ese dinero, que quizás fuese una vigilancia que hace el Municipio de Funes por su cuenta. ¿Existe esa vigilancia? Yo realmente nunca la vi, sólo veo a veces algún patrullero los días domingo por mi zona. Distinto es por los country cerrados, por allí siempre pasan, paran y dan vueltas continuamente a los mismos. Mi denuncia fue registrada con el “Hecho Nº 0165/16”, o sea debo estar tranquilo que supuestamente hay 164 casos anteriores al mío en los primeros 44 días del año. ¿No es mucho? Me retiré muy mal porque pregunté si tenía que ir a la Fiscalía o a Tribunales, y me dijo el oficial que no, rotundamente, que si por casualidad encontraran algo de lo por mi denunciado se comunicarían para un reconocimiento. Realmente estoy preocupado por el gobierno provincial y municipal que tenemos (tema seguridad), pero considero que no podemos dejarnos atropellar así porque sí, no puede ser nuestra denuncia un simple papel por cuadruplicado, no debemos resignarnos a decir “por suerte no estábamos en el lugar y no nos lastimaron”. Tenemos que aprender a votar, no nos queda otra cosa, nadie se interesa de los simples ciudadanos que pagamos todos los impuestos y nos recargan día a día si no lo hacemos en término, no tenemos custodias como tienen los funcionarios que elegimos en las urnas, y lo peor es que aparte nos cobran por una vigilancia que no nos dan.
César Cignoli
DNI 12.381.400
Al presidente Mauricio Macri
Me dirijo a usted presidente con todo respeto, en primer lugar reconociendo su legítimo mandato y su investidura como quien tiene el deber y la responsabilidad de dirigir el destino de nuestro país en los próximos cuatro años. Como cristiano evangélico, tanto usted como las distintas autoridades gubernamentales, son motivo de nuestras oraciones. No obstante, señor presidente, no puedo dejar de expresarme por el despido que ha sufrido de su lugar de trabajo mi hija de 22 años que se desempeñaba en el Registro Nacional de las Personas (Renaper), quien esta semana fue separada de sus tareas de una manera insensible, arbitraria y abusiva de los derechos que gozan los habitantes de esta Nación. Mi hija cada día se presentaba quince minutos antes de la hora de ingreso y se retiraba solamente cuando era reemplazada por el turno siguiente. Jamás faltó injustificadamente, ni tuvo una sola queja de nadie. Me consta que cada mañana se levantaba con un ánimo nuevo para atender a la gente lo mejor que pudiera. No era un “ñoqui” en absoluto, son sobrados los testigos que pueden dar fe de su intachable conducta laboral. No puedo hablar por otros, pero sí lo hago por ella. Me considero un buen ciudadano, que con 51 años de edad aprendió algo del respeto y el valor del prójimo. Por lo cual considero que el despido de mi hija es un hecho ultrajante y humillante que violenta abiertamente la dignidad de una joven argentina que, valga la redundancia, pertenece a su ámbito de gobierno. Con el fruto de su trabajo estaba llena de buenas expectativas de futuro, esperanzas que se vieron truncadas por esta medida compulsiva que ni siquiera tuvo un proceso administrativo previo para determinar la falta de funcionalidad o aptitud de mi hija, tampoco auditorías anteriores que señalen las supuestas inconductas que le son propias a los “despedidos”. Señor presidente, solamente aspiro a que revea esta expulsión laboral y la de muchas personas que día a día me entero son echadas de manera masiva e irracional de sus puestos de trabajo.
Oscar A. Gómez
DNI 16.852.698
Respeto a las autoridades
Todos los días nos quejamos de los adolescentes irreverentes, de los ciudadanos transgresores, de los que no pagan la luz, de los que no tienen toda la documentación del auto, de que los chicos no respetan al maestro, de que la gente no respeta a la policía, de que los jóvenes no quieren estudiar, que no leen. La queja. Cómo puede uno respetar a las autoridades, yo lo intento, pero venimos de un gobierno que nos dijo que Alemania tiene más pobreza que nosotros, y estamos en otro gobierno que cierra su campaña política en Jujuy prometiendo pobreza cero y dos meses más tarde comunica que va a supervisar las medidas económicas con el FMI. ¿Qué es el respeto? Ya sinceramente no sé que es el respeto. Por lo pronto lo único que me parece genuino es la relación de amor que intento tener con mis hijos.
Sebastián Rogelio Ocampo