Durante las últimas semanas, el dengue llegó y encontró un lugar en nuestro país. Esta palabrita que muchos desconocían fue motivo de alarma, desazón y bronca. El miedo comenzó a cundir en la población mientras los gobernantes llegaban con medidas tardías y un tanto ridículas en algunos casos. Y es así como nace una palabra nueva, "el descacharrado", creyendo que vaciando tachos o todo recipiente que contenga agua podríamos mantener a raya a nuestro amigo mosquito, causante del mal. Pero los días con temperaturas elevadas siguen y no cesan, las cifras de contagio se elevan y la palabra mágica no alcanza para poder detenerlo. En este nuevo siglo, el pequeño insecto de patas largas y cuerpo negro parece reírse de tecnócratas y científicos y sigue zumbando sin ton ni son a nuestro alrededor. ¿Cómo podremos erradicarlo y dilucidar la compleja situación a la que nos somete este letal insecto? Anhelo que la palabra "prevención" logre el efecto esperado, en medio de este pasivo egoísmo inexistente en el género humano.




































