Tengo 38 años y soy discapacitado, arrastro las secuelas de un ACV que se me produjo a los 18. Demás está decir que soy pobre y que trato de subsistir con alguna venta ambulante. La vida es dura, pero a veces otros te la complican. Cualquiera a simple vista nota enseguida mi padecimiento físico (hasta en el habla), por eso no me explico el maltrato que frecuentemente sufro por parte de la GUM cuando duermo en la plaza Montenegro, maltrato que en algunos casos avanzó hasta el despojo de ciertas pertenencias y la mercadería. Afortunadamente, jamás se quedaron con mi historia clínica ni mi carné de discapacitado, que siempre llevo encima. Los agentes públicos que nos corren de las plazas, sean municipales o provinciales, vale aclarar, pertenecen a un Estado que no nos ofrece nada a quienes dormimos en la calle. Cualquier lector del diario ya pueda sospechar otro detalle: tampoco cobro ningún subsidio ni plan asistencial, que a lo mejor habrá que hacer largas colas o cortar alguna ruta para tenerlo. Pido al Estado municipal o provincial que ponga ojos solidarios y que alguna vez nos tire un centro y tengan un gesto, en vez de mandarnos a correr a quienes dormimos en la calle y en la plaza Montenegro.


































