Estamos en un año electoral. Todos los políticos están en campaña. Viajan miles de kilómetros volcando todos sus esfuerzos propagandísticos, en su gran mayoría, para satisfacer apetencias personales de todo tipo. Lo que no trabajaron durante cuatro o seis años en el Congreso o en el Ejecutivo lo trabajan en la campaña electoral. Mientras tanto, los problemas de inseguridad y la inflacción, que son las mayores preocupaciones en este momento de todos los argentinos, no han sido resueltos. Cuando salimos a la calle, miramos para todos lados ante el temor de ser robados, heridos o hasta muertos por algún delincuente. No importa edad ni sexo. Matan a un adolescente para quitarle un par de zapatillas. Lastiman a una abuela que sale del súper con su bolsa de compras. Matan a un anciano que acaba de cobrar su magra jubilación. Estos sátrapas salen de la comisaría, si los pueden detener, riéndose de las autoridades. Nosotros vivimos tras las rejas y el delincuente pasea libre por la calle. Si hablamos de inflacción, el índice oficial (INDEC) en el mes de febrero fué 0,7 por ciento, (ilusiones del viejo y de la vieja...). Una consultora privada ya estimó la inflacción del mismo mes en 1,7 por ciento. La previsión para marzo es de 2,1 por ciento. Estos problemas acuciantes son los que tendrían que tener prioridad. A mi entender, es la economía la que vá a mover el amperímetro en las urnas. Las cifras oficiales dicen que la economía creció 9,2 por ciento durante el año pasado. Si tomamos en cuenta los niveles de inflacción reales del mismo año, los índices de crecimiento económico no son los que nos quiere hacer ver el gobierno. Es por eso que la inflacción juega un papel preponderante en las próximas elecciones. Tenemos que informarnos y formarnos. El voto es el verdadero poder del soberano. Es personal e intransferible.


































