El proyecto de transformar las principales plazas céntricas en estacionamientos, anunciado por las secretarias de Planeamiento y Finanzas de la MR es totalmente irracional, anacrónico y antidemocrático. Irracional porque, invocando y pretendiendo aliviar la congestión vehicular, hace un mal diagnóstico y propone una seudosolución que agrava el mal: en efecto, lo que congestiona el centro de Rosario es el exceso de autos circulando, en tránsito, y no porque estén esperando un lugar para estacionar. Cuantos más lugares haya para estacionar, más autos irán al centro. Por el contrario, si se restringe el acceso automotor al microcentro, priorizando al peatón y la bicicleta, no se reduciría como piensan algunos la actividad comercial, porque el que compra es el peatón; el que va en auto no puede comprar ni ver vidrieras. De otro modo, los comercios de la peatonal estarían ya en la ruina. El sentido común a veces resulta anulado por las especulaciones teóricas de los funcionarios. Es anacrónico porque se basa en el supuesto de que el automóvil individual representa progreso y bienestar, cuando hace años se ha demostrado su nocividad ambiental, y su principal responsabilidad en la contaminación global y local. Ya hace 30 años como mínimo, los países "serios" de Europa y Asia han excluido de los centros urbanos el coche individual, peatonalizando las áreas históricas que se procura preservar con su irreemplazable posibilidad de contacto humano y encuentro personal. Claro que es necesario un transporte público eficiente para llegar al centro e incluso circunvalarlo, y eso debería ocupar a los funcionarios que deben planificar el crecimiento urbano. Es una vieja deuda del gobierno municipal. Y es antidemocrático porque prioriza los caprichos de una minoría acomodada, que usa el auto como expresión de poder y estatus, incluso donde es incómodo y lento como transporte: ¿un buen servicio de taxi, no resulta más descansado, rápido y económico? Para colmo la solución "bajo plaza" condena nuestros escasos espacios verdes al destino de grandes maceteros que tuvo la plaza Montenegro. En fin, la prisa por tratar este paquete, presentado con un presupuesto irrisorio, en el Concejo Municipal, no se justifica, sin antes encarar una reforma integral del sistema de transporte, incluyendo el vehículo particular motorizado como un elemento más, junto al actual colectivo, e incorporando en la ecuación el modo peatonal, el ferroviario y el eléctrico, y por qué no, el transporte fluvial. Planeamiento es previsión y coordinación. La improvisación y fragmentación de las propuestas es el caos.

































