He leído con atención la nota destacada en la columna de carta de los lectores del día 27 de octubre pasado de Josefina Gigón, a quien felicito por su acertado planteo. Con debido respeto y como rosarina que viaja asiduamente a la ciudad de Rafaela, considero necesario agregarle otros planteos y definiciones para lograr así la solución deseada y que corresponde. En primer lugar hay que tener presente que la ciudad de Rafaela no es el pueblito de los "ponchos perdidos", sino una ciudad pujante de mucha importancia vinculada a Rosario; es necesario que entre ambas ciudades el medio de transporte de pasajeros debe ser de más calidad y con recorridos directos más frecuentes para hacer esos escasos 280 kilómetros que las separan. Aquí es donde se plantea el dilema: consiste en hacer funcionar otras líneas de distintas empresas que contemplen otros horarios alternativos, creando una auténtica y necesaria competencia entre ambas empresas para mejorar la calidad del servicio, costo y limpieza, etcétera y todo lo que atañe en beneficio del usuario. Pregunto: ¿De qué le sirve a esa distinguida ciudad tener una nueva y amplia terminal de colectivos para tan rudimentario y deficiente servicio como la línea Güemes o Etar?
































