El pasado 15 de septiembre, mi madre tuvo un preinfarto en su casa, fuimos socorridos por la empresa de emergencias Ecco, que estuvo en los tiempos precisos y con la calidez que la situación demandaba. Me dijeron que la derivarían al Pami I, de calle Sarmiento de la ciudad de Rosario. Al llegar y entrar en dicho nosocomio, miré el estado calamitoso de las instalaciones: las camillas rotas, los agujeros en el techo y me encontré, por ser hora del mediodía, con el lugar desbordado de gente. Pensé: ¡pobre vieja! adónde la traía. Pero enseguida se puso de manifiesto la calidez y el profesionalismo de todos, desde el enfermero hasta todo el personal los que realizan una tarea titánica con escasez de elementos pero con un amor que supera todo. Mi viejita se durmió y se fue el 18 de septiembre, pero en paz a reunirse con todos los míos. Gracias a todos y en especial a vos Héctor que fuiste el único que cumplió como ex pariente. El doctor Favaloro dijo en una sus últimas intervenciones: "Si la medicina no tiene una parte de humanidad no es medicina".



























