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Otro pibe asesinado en el marco de una pelea de bandas en barrio La Tablada

Fabricio Montes tenía 20 años y le pegaron dos tiros en la esquina de Ayacucho y Centeno, escenario de varios enfrentamientos fatales entre "La banda de Ameghino" y "Los de Centeno".

Sábado 28 de Septiembre de 2013

"Ojo que andan matando gente". El grito de un vecino sirvió como saludo cuando ayer por la mañana este cronista y un fotógrafo de La Capital llegaron a Ayacucho al 4100, el eterno escenario de la trágica y violenta pelea entre "La banda de Ameghino" y "Los de Centeno", una disputa por territorios que ya se ha cobrado varias vidas. La última víctima del irracional enfrentamiento fue Fabricio Leonel Montes, un joven de 20 años que estaba gozando del beneficio del arresto domiciliario con salidas laborales ya que estaba vinculado a una causa por robo calificado, su único antecedente penal. "Fabricio fue al quiosco que está en la esquina (Ayacucho y Centeno). Ahí estaban otros chicos. Entonces pasaron dos motos, se pararon y empezaron a disparar al montón. Le pegaron a Fabricio y lo mataron", relató con su corazón hecho añicos Carina, la mamá del pibe asesinado en el barrio La Tablada.

Todo se desencadenó el jueves, poco antes de las 17.30, cuando Fabricio Montes recibió al menos dos impactos de bala. Un proyectil le perforó la cabeza y el otro le entró por un glúteo y le salió por la ingle. Aunque su hermano menor lo cargó en un auto y lo llevó rápidamente al hospital Roque Sáenz Peña nada pudieron hacer los médicos para salvarle la vida. La gravedad de las heridas motivaron que lo derivaran al Hospital de Emergencias, donde falleció a las 23.15 del jueves. "Las dos motos pararon y empezaron los disparos. Vaciaron un cargador entero. Ellos solo atinaron a correr y escapar. No hubo un enfrentamiento, como dijo la tele", explicó uno de los amigos de Fabricio.

Una de las últimas cosas que hizo en su vida el joven asesinado fue ir a Tribunales. El jueves a la mañana estuvo con su abogado, Marcos Cella, notifcándose de su procesamiento por robo calificado en la única causa que tenía. "Si no lo hubieran llevado a Tribunales estaría vivo porque a la hora que le pasó hubiera estado volviendo de trabajar. El estaba trabajando como peón de albañil en una obra en Roldán y solía regresar pasada las 17.30", reflexionó Carina con amargura. El crimen de Montes es investigado por la jueza de Instrucción Alejandra Rodenas.

Calles cerradas. Con sólo colocar en un buscador de Internet el criterio "Ayacucho al 4100" se puede tener un acercamiento a los hechos de violencia que se han registrado en ese lugar en los últimos cinco años. Y ese número se acrecienta si a las palabras de búsqueda se le agrega "banda Ameghino Centeno". Entonces aparecen innumerables hechos con muertos y heridos en ese sector humilde del barrio La Tablada, jurisdicción de la comisaría 16ª, que aportan jugosos detalles para el cronista.

Pero para los vecinos son la vida misma, cosa de todos los días. "Nosotros vivimos acá porque no nos queda otra. No podemos vivir donde lo hacen los ricos. Yo la invito a la intendenta Mónica Fein a que venga a ver cómo vivimos los villeros. A principio de año prometieron que iban a urbanizar, que iban a abrir las calles Ameghino y Centeno. ¿Y? Barrio La Lata era tan problemático como La Tablada, abrieron las calles y se pacificó mucho. Sino lo hacen rápido esto no se va a terminar más", comentó un pariente del pibe muerto.

Y a lo que apunta el familiar era a la apertura de calles y la regularización del cordón Ayacucho como parte del Programa de Integración de Asentamientos Irregulares lanzado por la Secretaría de Hábitat de la provincia. La zona en cuestión son aproximadamente cinco manzanas en forma de "L" delimitadas por Ayacucho, Patricias Argentinas (prolongación de Colón), Doctor Riva y Uriburu. Allí los técnicos de la secretaría provincial contaron alrededor de 500 viviendas, aunque un relevamiento del Banco Municipal realizado a mediados de la década del 90 contaba allí 1.200 hogares.

En abril pasado se realizó el relevamiento para la apertura de unos 100 metros de calle Centeno, entre Ayacucho y Patricias Argentinas y la habilitación de un playón deportivo en una de esas esquinas.

Laburantes y quioscos. "Lo que le pasa a los que viven en la villa no le importa a nadie. Se creen que esto está lleno de choros y no señor. Acá somos muchos los laburantes que no tenemos otra que vivir donde se puede y no donde se quiere. Los que piensan eso podrían darse una vuelta y ver como «la gente de bien» llega en sus autos caros al barrio a comprar droga. Nadie elige vivir donde vive", agregó un vecino. Y entonces una doña le volvió a apuntar a la intendenta: "Lo que pasa es que ella está con la clase alta y los villeros no les importamos, salvo para cuando necesitan los votos".

Sin culpas. La familia Montes vive al final de uno de los pasillos de Ayacucho al 4100, esos senderos que serpenteando llegan a las entrañas de la manzana. En la cocina comedor de la casa, hecha de material, el dolor de la familia es contenido por vecinos y amigos de Fabricio. "Somos gente de trabajo. A Fabricio lo llevaron detenido de la puerta de mi casa. Los del Comando Radioeléctrico que lo llevaron dijeron que había robado, pero él no tenía antecedentes y no había hecho nada. Ahora nos dicen que la detención no fue clara. Eso fue el 23 de mayo. Lo tuvieron detenido en la subcomisaría 19ª y luego en la sub 20ª. Y hace un mes y diez días le dieron el arresto domiciliario", relató Carina con los ojos hinchados de tanto llorar.

El juez que tiene la causa en la que está mencionado Fabricio Montes y que el mismo jueves le notificó su procesamiento, es Hernán Postma. "Es muy factible que esto esté relacionado con la pelea entre «Los de Ameghino» con «Los de Centeno». Esto es tierra de nadie y nosotros vivimos de este lado", graficó la mujer, poniendo en coordenadas geográficas el posible motivo del ataque. "Ellos (los de Ameghino) ven un grupito, pasan y tiran. No tienen drama", agregó un vecino.

Los atacantes circulaban en dos motos rojas: una Honda Tornado y una Yamaha Cripton. Los vecinos manejan apodos que esta crónica preserva para "no entorpecer la pesquisa". Fabricio tenía cinco hermanos y una novia de 17 años que ayer no encontraba consuelo. Era hincha de Newell's y Juan, su tío, contaba ayer que el pibe quería que le regalaran una guitarra. En barrios como La Tablada, a la realidad se puede acceder desde distintos cristales. El problema son los pibes asesinados.

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