Un cuerpo calcinado entre pastizales, donde la ciudad se vuelve campo al noroeste de Rosario, fue todo lo que se conoció sobre la muerte de Ricardo Martín Moreno. La breve noticia del hallazgo del cadáver, en agosto de 2023, escondía una historia turbia que este año se debatirá en un juicio oral: un comerciante fue acusado de matar al joven de 27 años para “hacerle pagar” una sucesión de robos hormiga en su negocio, una compraventa de plásticos de Nuevo Alberdi.
La fiscal Andrea Vega pidió esta semana una condena a 20 años de prisión para el imputado, Walter Germán Klein, un hombre de 42 años que lleva dos años y cinco meses en prisión preventiva. La acusación se presentó en la audiencia previa al juicio oral por el crimen, previsto para antes de noviembre de este año. La jueza María de los Ángeles Granato prorrogó la detención del comerciante hasta esa fecha y ordenó la apertura del debate ante un tribunal con tres jueces.
Klein está acusado como autor de un homicidio simple y por la tenencia indebida de una pistola y una carabina halladas en un allanamiento a su casa. La requisa se realizó cuando la investigación, hasta entonces sin más pistas que un cuerpo calcinado, dirigió la mirada hacia su local de reciclado de plásticos de Joaquín Suárez al 2600, avenida que corre paralela a la ruta 34 al oeste de la Circunvalación.
Primera pista
La familia del muchacho fallecido, con una historia de vida conflictiva y marcada por el consumo problemático de drogas, dijo que esa noche tenía previsto ir a robar a ese galpón. La investigación detectó entonces que, justo esa noche, el dueño le había mandado un mensaje a su novia diciéndole que estaba cansado de los robos nocturnos y que pensaba quedarse en el local para atrapar al ladrón y “hacerle pagar”.
El abogado particular de Klein, Mariano Scaglia sostiene en cambio que no hay ninguna prueba de que la víctima haya entrado al negocio ni del traslado del cuerpo. Pidió tratar el caso ante un juicio por jurados, pero el planteo no prosperó.
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El hallazgo del cuerpo ocurrió la tarde del 5 de agosto de 2023 en un descampado cercano al barrio Hostal del Sol, en Baigorria y García del Cossio. Una persona que pasaba por el lugar lo encontró y llamó a la policía. Entonces una noticia efímera apenas consignó la intervención de la policía en el lugar. Luego se supo que en el Instituto Médico Legal lo identificaron como Ricardo Martín Moreno, de 27 años. Y nada más.
El martes pasado, en una audiencia realizada en el Centro de Justicia Penal, la fiscal Vega acusó a Klein de haber causado intencionalmente la muerte del joven la madrugada de aquel sábado. A las 4.30, dijo, Moreno entró al negocio de plásticos con la intención de robar algo que pudiera vender. A diferencia de otras oportunidades, esa vez se encontró con Klein, quien “se había quedado dentro del inmueble con el fin de agarrar a quien le había estado robando y hacérsela pagar”.
Un cuerpo, dos incendios
Según la acusación, el propietario golpeó en la nuca al muchacho con un objeto contundente, lo ató con cables de cobre, lo tapó con una bolsa de arpillera y le envolvió la cabeza con una bolsa de nylon. Luego trasladó el cuerpo unos dos kilómetros al oeste hasta una zona de quintas de la calle Baigorria, le arrojó combustible y le prendió fuego. Cuatro días después, el 9 de agosto, el galpón de Klein fue incendiado. Se presume que fue una represalia de allegados a la víctima, que había comentado en su entorno su intención de pasar por allí la noche en que lo mataron.
Este dato orientó la pesquisa hacia el comerciante, detenido el 24 de agosto de ese año en su domicilio cercano al galpón. Allí le incautaron una pistola Norinco calibre 22 y una carabina alemana calibre 22 marca Krico. Dos días más tarde lo imputaron. Según su abogado, le otorgaron la libertad al presumirse una situación de legítima defensa. Pero la Fiscalía apeló y tiempo después le dictaron la prisión preventiva.
“No se pudo acreditar el ingreso de este chico a la compraventa. No hay rastros de vehículos ni registros de cámaras. Aún si ocurrió, tampoco se sabe qué pudo pasar ahí adentro, si hubo una pelea o cómo trasladaron el cuerpo”, planteó Scaglia, quien indicó que las pruebas de Luminol para la búsqueda de rastros de sangre sobre tres vehículos incautados a su cliente fueron “negativas”.
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Pruebas y objeciones
“Esta hipótesis sale de la propia familia de la víctima. Pero también se indicó que el muchacho tenía problemas por una deuda por drogas y que ese miso día lo habían ido a buscar. Al cuerpo lo tiraron donde descartaban a otras víctimas de conflictos en el barrio 7 de Septiembre”, añadió, en espera del juicio, donde presentará a su cliente como un trabajador sin antecedentes y dueño de una pyme con tres empleados al que le habían robado “innumerables veces”.
Entre los elementos que lo incriminan figuran sus mensajes de la noche previa, los impactos de antenas de su celular y los testimonios de familiares de Moreno indicando que el muchacho solía incursionar en el galpón de plásticos para sustracciones de poca monta. Un amigo de la víctima dijo que encontró en ese local una mochila negra del muchacho que fue incautada en su casa, vacía. Tres testigos de identidad reservada declararon sobre el contexto que rodeaba a la víctima y dijeron que planeaba ir a la compraventa aquella madrugada.
Entre las pruebas que las partes acordaron debatir en el juicio figuran además llamados al 911 para dar cuenta del hallazgo del cuerpo, registros de la intervención policial, el secuestro de trozos de ropa quemada en la escena, los resultados de allanamientos, de pericias balísticas y de celulares. Se suma el informe de autopsia, que arrojó como causa de muerte la asfixia por la colocación de una bolsa en la cabeza de la víctima y comprobó que las quemaduras fueron posteriores al deceso.