Ya son un fenómeno natural que, como los hongos, aparecen después de la tormenta. Pero no son auspiciosos como el tenue arco iris que preanuncia buen clima. Por lo contrario, son la violencia sin razón, que combate la solidaridad que se espera después de la tragedia. Estos piquetes lastiman por doquier. No son una reacción caprichosa de inocentes, ni la redención de oprimidos, ni la rebelión joven y esperanzada contra la injusticia del sistema. En realidad, estos piquetes son una forma de actuar que es indignante para las mismas personas que la ejercen, así como también para las damnificadas en cuyo nombre, supuestamente, lo hacen. El detonante parece ser la pobreza del pobre más pobre, que manipulan miserablemente, quienes la instalaron en nuestra patria. Frente a ella existen diversidad de conceptos y actitudes. Las más antiguas la consideran una situación natural o una condición divina, pudiendo ser un castigo o una bendición. Hay quienes la definen como opuesto a la riqueza; algunos economistas como "el no tener"; ciertos sociólogos como "el no saber" y los politólogos como "el no poder". Los filósofos se debaten entre "el ser o no ser". San Martín la honró siempre y despreció la riqueza. Finalmente, no podríamos obviar que Cristo tiene una idea de la pobreza en la vida terrena que ni los propios cristianos logramos comprender. Así también las diversas religiones tienen su concepto al respecto. Por suerte hoy ya somos muchos los que creemos que la pobreza, que padecemos y nos preocupa, es fruto de la inequidad y desequilibrio del modo de desarrollo humano que aún tenemos. Rogamos cada día que pronto llegue a su fin y podamos cambiar por otras formas que sean mejores para todos. Desde hace casi 20 años, el gobierno municipal de nuestra ciudad garantiza el derecho de reclamar a la autoridad como una herramienta básica de la buena gestión, incluyendo en forma prioritaria a los sectores más pobres. Es por eso que los rosarinos no nos merecemos tal insidia expresada en los "fixtures de cortes" promovidos y divulgados por grupos de diversas orientaciones. Quienes arman, conocen y disponen de la logística necesaria para producir y sostener un piquete, tienen por objetivo lograr la mayor zozobra posible a la mayor cantidad de población posible, esperando imponer al poder público que realice o se abstenga de realizar determinada decisión. La proliferación desmesurada de piquetes en estos días nos demuestra lo faccioso y opaco que son los intereses que realmente los mueve. Sin dudas intentan afectar especialmente la buena prestación de los servicios esenciales, con una particular malicia en muchos casos, hasta afectar al mismísimo derecho constitucional de transitar libremente, además de llegar a la comisión de típicos delitos. Sin embargo, los derechos fundamentales han podido ser preservados por el trabajo sostenido y a destajo, de la mayoría de los agentes públicos y funcionarios junto a la buena disposición y paciencia de todos los rosarinos.






























