Vivimos muchos años con miedo, reprimidos en nuestros pensamientos y expresiones, elegimos la democracia pensando que nos llevaba a un camino de libertad, de crecimiento, de cultura, de salud, de educación y sólo nos encontramos hoy, a casi 30 años de haberla elegido en un libertinaje absoluto. Un país donde no hay ningún tipo de protección para el ciudadano (el que hace que funcione el sistema), en donde es fomentada a diario por el gobierno la cultura de la vagancia otorgando planes, subsidios y asignaciones a gente que es pobre, pero a la que no le gusta trabajar. Un país donde los derechos humanos están para beneficiar a los delincuentes, en donde no hay seguridad, no hay protección de ninguna fuerza porque no hay fuerzas (se encargaron de desterrarlas y, más allá de que estoy en contra de lo que hicieron los militares, se necesitan fuerzas de seguridad en un país), en donde la droga manda, en donde los chorros tienen el poder, en donde nos saquean los delincuentes y el gobierno, en donde la salud pública cada vez decae más, en donde la educación pública va en descenso porque para esto no da el presupuesto, pero sí da para gastos extravagantes de nuestros representantes. Un país donde el asalariado debe siempre pagar las consecuencias de los malos manejos económicos y adaptarse a sobrevivir con inflación. Sé que es muy difícil encontrar el equilibrio absoluto, pero un país que viva en democracia debe otorgarles a sus ciudadanos, que son los que aportan con sus impuestos para vivir en un orden social: seguridad, educación, salud y crecimiento económico, cosa que acá no se ha cumplido desde el comienzo de nuestra etapa democrática. Sólo hacemos un paso hacia adelante y cinco para atrás. Empecemos a pensar a quién elegir, no nos olvidemos lo que hicieron cada uno de los políticos que se postulen a la hora de sufragar, tengamos memoria, no dejemos que nuestros derechos sean pisoteados, somos los únicos que podemos lograrlo porque nosotros tenemos el poder. Cuando comprendamos esto vamos a poder tener la democracia que tanto anhelamos. Retrocedamos en la historia y hagamos una revisión, no avanzamos nada, todo sigue igual que a comienzos del siglo XX para los argentinos. Denunciemos, evitemos ser víctimas de los delincuentes, ya sean políticos como comunes, no tengamos más miedo, exijamos sin violencia pero con inteligencia, nosotros somos los que mantenemos las estructuras, los que aportamos y no tenemos que permitir ser saqueados. Debemos hacerlo para que nuestros hijos y nietos puedan de una vez por todas decir que viven en Argentina sin avergonzarse. ¿Queremos libertad o no? Nosotros tenemos el poder.






























