Caloi es de esos seres irreemplazables. El Negro era un "gomía" del alma que a pesar de vernos poco me trataba como a alguien de toda la vida. Nos conocimos en Rosario en los años 80 en un salón de muestra de humor gráfico y terminé colaborando varios años en una agencia de humor que dirigió su hermano. Supe de su enfermedad en los últimos años y cómo lo afectó. A los pocos meses de la muerte del Negro Fontanarrosa le apareció el cáncer, recuerdo. Para una de las últimas ediciones de la Fiesta de la Flor en Pérez lo invité y sentidamente me dijo: "Gaucho, no me siento bien, prefiero no moverme; realmente no estoy saliendo a ningún lado porque no tengo fuerzas". Nos queda su esplendorosa y maravillosa obra. Fue un militante nacional y popular, preocupado por lo social. Sé que ya no está; sé que se nos están yendo todos; sé que me abrigo en el Tomi, en Crist, en esa foto de los 80 acá en Rosario. Sé que debo decirle gracias a ese maestro por el sublime Clemente y por la página semanal de Viva que nos regaló hasta hoy. Tanguero, pasional, abierto a los jóvenes dibujantes, el Negro es imposible de olvidar. Te quiero mucho, Caloi, como a ese dibujo del gaucho arando con el cierre relámpago que une el surco a sus espaldas... ¿No ves?, siempre sacás una risa, aun cuando te vas. Te mando un beso inmenso.
































