El día sábado 29 de septiembre, La Capital publicó mi crítica sobre el deplorable estado en que se encontraba la plaza Vicente López y Planes, del barrio Fisherton. Plagada de yuyos, ramas y otros elementos, con la imagen de un verdadero abandono. Tres días después, pasé por la misma y comprobé que se procedió a su corte y limpieza, con un cambio notable en su aspecto. Si esta fue la respuesta a mi queja, agradezco al funcionario que abordó el tema tan prestamente. No obstante esta buena diligencia, destaco que esa plaza, la más importante de Fisherton, requiere otro tipo de mantenimiento en función del uso que la comunidad hace de ella. Efectivamente, su perímetro es utilizado por muchos vecinos para la práctica de caminatas, produciendo -de hecho- sendas de superficies irregulares, a modo de veredas inexistentes, que deberían definirse con caminos planos, con materiales adecuados para ese uso. Con ello, además de los beneficios que produciría a los caminantes, se evitaría que se pise y arruine el pasto. Así ocurre en las plazas de países desarrollados, ejemplos que valdría la pena emular. De igual modo, sería deseable que en dicha plaza se planten especies de plantas y/o arbustos decorativos, que sin requerir demasiado mantenimiento, con sus colores y flores generen deseables extremos estéticos, tan fácilmente alcanzables. Esto no significa gastos extraordinarios. Sin embargo, pondrían en valor áreas del barrio de uso ciudadano frecuente, que lo jerarquizarían en todo sentido.

































