Muy a menudo cuando vemos rellenos sanitarios a cielo abierto nos asombramos de la cantidad de bolsas de plástico de un solo uso tiradas mal dispuestas. Mayoritariamente, son de supermercados. Luego cuando lo tapan pareciera que ya no existen más. Las bolsas de plástico tardan 400 años en descomponerse y en el proceso emiten toneladas de dióxido de carbono. La comodidad del envase de plástico significa contaminación y publicidad gratis del comercio que las entregó. ¿Es un tema local? Sí, pero verdaderamente es un tema global. ¿Otros países ya están en procesos de eliminación? Sí, pero debemos resolverlo todos. El primer paso es por casa, el barrio, la ciudad, el país. Es un error pensar que si no lo resuelven los demás, por qué tenemos que resolverlo nosotros. ¿Hay alternativas? Sí, fácilmente; podemos volver a las bolsas de hilo, al chango de la compra o a envoltorios de material verdaderamente biodegradable. En Argentina la bolsa de plástico de un solo uso se regala, aunque en verdad está incluida en el costo de la mercadería que se compra y además se hace publicidad gratis. ¿Qué pasaría si en lugar de disponerla gratuitamente, tuviéramos que pagarla? Seguramente, cuidaríamos su utilización. Un ejemplo a tener en cuenta: en Irlanda cada bolsa de plástico que se dispone el comercio la entrega a su costo, el consumidor paga 22 centavos de euro por cada una y ellos ingresan al Estado, que es quien debe atender la problemática de la contaminación. Estudios en Europa dicen que cada consumidor utiliza 240 bolsas por año. En Argentina, por falta de estadísticas se desconoce su número, pero desde ya, puedo asegurar que son muchas. ¿Es hora de empezar? Sí y además agregar que ya se perdió tiempo.
































