La preocupación y el desconcierto sobrevuelan inquietantes sobre la gente que lee o ve, estupefacta, el juicio a un fiscal que tiene rectitud, gran capacidad y hombría de bien, por “investigar demasiado” y con éxito. ¿Cómo se deben ejercer entonces, desde ahora, las profesiones que dependen del responsable talento y disposición personal? Quizás las maestras y los profesores deduzcan que no deben enseñar ni formar “demasiado”; los médicos, que no tienen que esforzarse en curar “demasiado”; los ingenieros, cuidarse de no exagerar “demasiado” en los cálculos de materiales; los arquitectos no apuntar “demasiado” a la perfección de sus diseños; los abogados deben estar temblando ante el destino de su colega. Y así, al infinito. El ambicionado y lícito éxito, el esfuerzo que aspire a la excelencia honesta y responsable en cada trabajo, ¿son consideradas peligrosas exageraciones? Esa es la pregunta que desvela poniendo frenos a los sueños, al ser espectadores tanta iniquidad empecinada en condenar, por proceder bien, y porque no sabemos qué bullirá en la mente del novísimo director general del Pensamiento Nacional o Argentino, que acaban de inventar. Qué futuro, Dios mío.
































