En una charla sobre la cultura rosarina y argentina el escritor de nuestra ciudad Horacio de Zuasnábar manifestaba su desconcierto con el silencio que se ha producido ante la publicación simultánea, en diciembre de 2008 (por Editorial Simurg, de Buenos Aires), de 1º: su novela filosófica "Vitacracia", con introducción del obispo Federico Pagura; 2º: su novela autobiográfica "La entrevista", elogiada aquí en Rosario por Angélica Gorodischer; 3º: la novela psicológica "Perro loco"; 4º la nouvelle erótica "La inolvidable pasión entre el profesor Rivera y sus alumnas del secundario", y 5º "Epistolario", 600 páginas de cartas que pintan 25 años de destierro, de observaciones sobre Argentina. Otro ejemplo del ninguneo es que Zuasnábar nunca fue aceptado en el Festival Internacional de Poesía, donde pidió a los dirigentes de turno que lo dejaran participar. A todo esto, en España, Zuasnábar fue finalista del Premio Anagrama de Ensayo (Barcelona, 1990. Fernando Savater y Jorge Herralde, entre otros fueron jurado). También fue, con la máxima distinción, Premio a las Letras Españolas, cuyo jurado está compuesto por representantes de cada Academia de la Lengua Española, gallega, vasca, catalana, etcétera. ¿Qué pasa con los críticos vernáculos? Yo creo que en el ámbito de la literatura rosarina hay unos cuantos que creen que ninguneando a los buenos escritores ayuda a que ellos, estirando el cuello, salgan a la superficie. La "inmortalidad" igualmente va a ser para los buenos escritores, como lo es de Zuasnábar, quien no debe ya demostrar nada porque, en sus diez libros, lo escribió todo, un universo particular, como dijo su amigo Reynaldo Sietecase: "Zuasnábar es un émulo de Cortazar". Es de esperar, ahora que todos sus libros se podrán bajar gratis de internet, que sea leído y reconocido como corresponde.































