Las Fuerzas Armadas, garantes de la seguridad exterior, del orden, apoyo a la población y reparación de daños ante situaciones de catástrofe, están en crisis. Las causas hunden sus raíces en el enfrentamiento entre terroristas guerrilleros por un lado y militares por el otro. Ambos se equivocaron en los medios para alcanzar los fines que se presumían buenos. Los medios empleados en ciertos casos fueron malos, incluso perversos; pero sólo se está juzgando a los militares. Muchos llevan años detenidos sin condena, mientras que aquellos que quebraron el orden democrático y sesgaron vidas inocentes gozan de impunidad e incluso favores del gobierno. Reconciliar los vínculos entre el cuerpo social y las Fuerzas Armadas es prioritario para la salud espiritual de los hombres y mujeres de armas y la República. Estas navidades podrían ser coronadas por una amnistía amplia y generosa que ponga en igual situación ante la ley a los que fueron guerrilleros y a los militares que los combatieron. Esa loable decisión será, a no dudarlo, el punto de partida para la definitiva unión de los argentinos.


































