Las infracciones a las reglas de Tránsito forman parte de las conductas cotidianas que protagonizan los conductores de toda clase de vehículos y también los peatones. Este breve escrito apunta a los motociclistas o también llamados "motoqueros", si nos atenemos a la constante deformación que soporta desde hace tiempo nuestro idioma. Nuestra percepción diaria nos indica que un significativo porcentaje de estos sujetos está persuadido de que no se encuentra alcanzado por las normas que rigen la circulación vehicular. Es frecuente presenciar motos (y también bicicletas) que cruzan las bocacalles ignorando la luz roja de los semáforos, que ni siquiera disminuyen su marcha ante el cartel que reza "Pare", que circulan en contramano (los repartidores y mensajeros se erigen en "punteros cómodos" de esta infracción), para citar alguna de las conductas incorrectas. Pero la prolífica inventiva y descaro humanos en lo que refiere a irregularidades ha inspirado una práctica que ya se ha vuelto "parte del paisaje urbano": el desplazamiento de motos sobre un área destinada exclusivamente a la circulación peatonal, las veredas. Basta un ejemplo, diariamente desde la esquina de calles Mitre y Urquiza y, por la acera norte de Urquiza, entre las 7 y 7.30, varias motos emplean el carril peatonal, circulan hacia el este y estacionan frente al supermercado ubicado a mitad de la cuadra. Acotamos que en esa cuadra existen varios edificios de vivienda y el movimiento de personas se registra desde las primeras horas de la mañana. No tenemos noticia de que las autoridades presten atención a esas peligrosas y temerarias maniobras. A esta altura a nadie se le escapa que, a criterio de los dirigentes, merece atención preferente la jugosa recaudación que mana del "estacionamiento medido". El resto puede esperar. Solamente agregamos: a pesar de la fama de "ahorrativo" que caracteriza al rosarino, no bastan las sanciones patrimoniales. La pena debe complementarse con la prohibición -en principio temporaria- para conducir. Pero como siempre, con tales medidas atacamos simplemente los efectos. De una vez por todas debe apuntarse a las causas, educando con eficacia a conductores y peatones.
































