La presidenta Cristina Fernández de Kirchner participó ayer junto a sus pares del Brasil y Bolivia, Dilma Rousseff y Evo Morales, de la misa de envío de la Jornada Mundial de la Juventud y luego de la misma se encontró con el Papa Francisco, quien entregó unos obsequios para el nieto de la mandataria, Néstor Iván.
El primer nieto de la mandataria, quien nació el lunes 15 pasado, es hijo de Máximo Kirchner y su pareja, Rocío García.
Luego de la celebración realizada en las playas de Copacabana, la presidenta se acercó a los medios de prensa argentinos que la esperaban y dijo: "Miren lo que me regaló el Papa Francisco para Néstor Iván" mostrando un pequeño par de escarpines y medias blancas. Además contó que le había regalado un par de rosarios bendecidos por él.
El portavoz del Vaticano, Federico Lombardi explicó que cuando el sumo pontífice fue informado de que presidenta fue abuela, "pidió comprar pequeños zapatos para el niño".
El encuentro de Francisco con la presidenta se desarrolló en un sector privado detrás del escenario luego de la misa que Cristina Fernández de Kirchner había compartido junto a sus pares latinoamericanos.
La presidenta había llegado ayer por la noche a Río de Janeiro invitada por su par brasileña para participar del último gran acto de Francisco en Río, y anteanoche había augurado que sería "un día muy especial".
Junto a Cristina estuvieron el canciller Héctor Timerman; el intendente de Lomas de Zamora y primer candidato a diputado por la provincia de Buenos Aires, Martín Insaurralde, y los secretarios de Legal y Técnica, Carlos Zannini, y de Comunicación, Alfredo Scoccimarro. Además, participaron de la comitiva la ex defensora adjunta porteña y amiga del Papa, Alicia Olivera, y tres sacerdotes: los padres Ignacio, de Quilmes; Francisco, de la isla Maciel, y Fernando de González Catán, de La Matanza.
La mandataria emprendió el regreso al país tras el encuentro con el Papa.
Luego de la misa, el presidente de Bolivia, Evo Morales, destacó el mensaje de "paz, hermandad y solidaridad con justicia social" que transmite el Papa Francisco. "A mí me encanta, como a todos, que sea argentino", añadió.
"Quiero agradecerle a la presidenta Dilma Rousseff por la invitación para participar de esta solemne misa", dijo Morales al retirarse del palco oficial desde donde participó del cierre de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) en Copacabana.
En el encuentro estuvieron, además, el presidente de Surinam, Dési Bouterse, y los vicepresidentes de Panamá, Juan Carlos Varela Rodríguez, y de Uruguay, Danilo Astori.
Despedida. "El Papa se va, les dice «hasta pronto», un «pronto» ya muy nostálgico y les pide, por favor, que no se olviden de rezar por él. Un abrazo a todos. Que Dios los bendiga", afirmó Francisco poco antes de abordar ayer a las 19.35 el avión que lo lleva a Roma.
Luego, dijo a los jóvenes: "Dios los bendiga por este testimonio tan bello de participación viva, profunda y festiva en estos días. Muchos de ustedes han venido a esta peregrinación como discípulos. No tengo ninguna duda de que todos marchan como misioneros", agregó.
En su "nostálgico" saludo final, el Papa recordó a las autoridades locales, a los organizadores de la Jornada, a los jóvenes peregrinos y a sus "hermanos" obispos, a los jóvenes adictos a las drogas y a los
que están presos, y a la comunidad de la favela Varginha.
Las ideas fuerza de su mensaje
Durante su estancia en Brasil, el Papa instó a la juventud a ser protagonista del cambio, condenó la corrupción y las “incoherencias” de la Iglesia, alertó sobre “falsos ídolos” como el dinero y el poder, objetó la legalización de las drogas y la “cultura del descarte”, y ratificó su opción por los pobres. Francisco cautivó a los cerca de tres millones de peregrinos y dejó sentadas las bases de la Iglesia que pretende construir, o “reconstruir” durante su pontificado.