En sus mensajes twitteros, la presidente atacó a los medios diciendo que “meten el perro”. Como se ve, también desprecia al mejor amigo del hombre. En sus elucubraciones electoralistas recurre a manejos malabáricos de cifras de economía, con las que pretende inducir y hacernos creer –perro mediante– que estamos mejor que Canadá y Australia. Subestimando la capacidad de discernimiento de los argentinos, sugiere que nos traguemos semejante sapo. Considerando la versión presidencial, es lamentable que los gobernantes de dichos países no aprovechen la virtuosa fórmula de Argentina, para que sus habitantes se beneficien con sus efectos sorprendentes: inflación, cepo cambiario, pago de impuestos a las ganancias por los asalariados y jubilados, inseguridad, agresión a la libertad de expresión, trenes “balazo”–matan–; caminos tipo queso gruyere; expansivas villas de emergencia eterna –real, no fantasiosas –, entre otros. ¡Ellos no saben lo que es ganar una década!


































