El año pasado dos grandes empresarios nos dejaron, uno, Fredy Boglione, un industrial de primer nivel, un emprendedor inteligente y activo, un dirigente de fuste; el otro, que no le iba en zaga, Don Eugenio Montenegro, creador de la fábrica de acoplados que por los 70 a los 90 descolló, no sólo en Villa Gobernador Gálvez y en Argentina, sino que trascendió al otro continente, siendo en la actualidad, la primera marca de acoplados de España y la segunda marca de Europa. Con muy poco estudio pero con mucho tesón y por sobre todo con altos valores éticos y morales, llevó adelante sus empresas hasta los últimos días de su vida. No tengo autoridad para opinar sobre acoplados, por lo que quiero destacar dos atributos de Don Eugenio, la amistad y la solidaridad, porque tuvo millones de amigos, desde Fangio a Olmedo, de Froilán González a Pepe Soriano. Los otros amigos, los sin nombres, fueron los alumnos de las escuelas que construyó, los que disfrutaron de los artículos que reparó y regaló al Banco de Elementos Ortopédicos del Rotary que él mismo fundó prestando sus instalaciones por varios años para depositarlos, los de las escuelas técnicas que construyó y contribuyó a sostener, los que se le acercaban a pedirle algo, una moneda, un consejo, a los cuales siempre respondía con su amplia sonrisa, con su palmada en la espalda, con todo su amor. La solidaridad, demostrada a través de todas las instituciones en las que participó, como integrante de la cooperadora de la Policía Federal Delegación Rosario, la Asociación de Industriales Metalúrgicos, la Cámara de Fabricantes de Acoplados de la RA, el Rotary Club de Rosario Sud, destacándose el ser el recreador del Rotary Club de Madrid, club al cual le regaló la campana que hoy usan en las reuniones, la que él mismo fundió y dio forma. Y años atrás se hizo justicia…. Rosario lo distinguió como ciudadano ilustre y hasta lo vimos subido arriba de las carrozas que creó para que la ciudad tuviera sus desfiles, sus carnavales y su diversión. Fue humilde hasta en su entierro (el Día del Maestro), al cual asistieron muy pocas personas, pues fue en las afueras de la ciudad. Seguro que muchos se quedaron con las ganas de despedir a don Eugenio, otra gran figura de Rosario, otro ejemplo de persona, de padre, de amigo, de hombre solidario. Otro ícono a imitar por quienes tenemos la obligación de continuarlo en sus valores y en sus obras.


































