Cuarenta años pasaron desde que me recibí de médico, habiendo aportado, mes a mes y año tras año, las cuotas tanto de la obra social Ospac como de la Caja de Seguridad Social del Arte de Curar de la provincia de Santa Fe. Al buscar el descanso merecido, me jubilé en el mes de noviembre del 2009, con un sueldo de bolsillo de 1.630 pesos, con dos personas a cargo en la obra social (titular y mi esposa). ¿Se imagina vivir con esta jubilación por debajo de la canasta familiar? ¡Qué indignidad! Y enterarse de que la Caja hace inversiones inmobiliarias, compra una casa por el valor de un millón de dólares. ¡Qué insensibilidad! ¡Qué acto inhumano hacia nosotros los jubilados, los olvidados, siendo nosotros los dueños de la Caja! Esta nota surge después de haber leído una muy buena carta el 14 de diciembre, escrita por Elsa Dorsch, psicóloga en ejercicio activo. Por este medio invito a todos los jubilados, jubiladas, pensionados, pensionadas y activos del Arte de Curar a brindar en estas fiestas con agua, el 28 de diciembre, a las 12, frente a la Caja de Ospac, por una nueva ley que nos proteja como nos merecemos y si lo logramos comprometiéndonos, todos juntos, activos y pasivos, para tener un 2010 mucho mejor y brindar con algo acorde a la nueva situación.


































