Me gustaría contarles mi historia. Me llamo Julieta, tengo 26 años y desde que nací la vida me enseñó a pelearla día tras día regalándome o castigándome, todo depende, como decía Saussure: "El punto de vista crea el objeto". Tengo una dificultad motriz que me impide trasladarme sin la necesidad de una ayuda mecánica. Desde los 11 años me traslado a todos lados con un andador, que me ayudó a terminar un colegio primario, secundario en una escuela normal y me ayudó a obtener con éxito mi título de psicóloga en la Universidad Nacional de Rosario. Pero como diría mi hermano soy una joven de espíritu hippie y una enamorada de las expresiones artísticas, especialmente el teatro y por eso hace unos meses decidí anotarme en la Escuela Provincial de Teatro Ambrosio Morante, ubicada en Alem y Gaboto. Jamás imaginé sufrir tan triste e injusto hecho de discriminación, que comenzó el día de presentación de clases en un despectivo y fugaz aviso, a través de la portera del establecimiento, de que debía retirarme a mi casa a causa de un desperfecto técnico en el ascensor. Nunca se hizo presente ninguna autoridad del colegio, aunque sea para mostrar interés en conocer a una nueva alumna del establecimiento y lo más importante, pedir las disculpas pertinentes del caso, las cuales nunca recibí, ni ese día, ni el resto de los días siguientes en los que se dictaron los cursillos correspondientes a dicha carrera, a los que como corresponde asistí, finalizando con dos entrevistas. En una de ellas las autoridades me dieron a entender que era muy probable que no pudiera obtener el título de actriz debido a que el programa de la carrera contiene materias que requieren tener una determinada aptitud física que por obvias razones no poseo y por lo tanto me sería imposible aprobarlas, sin un adecuado cambio curricular, al cual yo quise acceder preguntándoles si dicho cambio era posible y me respondieron que no, porque había materias que exigen ser dictadas de una determinada manera. Ellos lo único que podían hacer era avisarme porque no querían que me frustre. Y tuve el desagrado de escuchar frases como "no necesitás el título para ser actriz" o "hay profesores que están dando clases y jamás pasaron por la escuela, sino por distintos talleres", (aclaro que no pude asegurar de que hablaba de profesores del establecimiento), por lo cual después de un largo tiempo que necesité para salir del asombro ante semejante estupidez, me pregunté: ¿entonces para qué cornos existe la escuela? ¿Qué función cumple? Y no es la única escuela que tiene la misma postura ya que la Escuela Provincial de Teatro y Títeres (Viamonte al 1900) también ve a mi dificultad motriz como una barrera para aprobar algunas materias y debería ubicar a su personal (preceptora) en la función que corresponde y no hacer gestos despectivos, ni dar explicaciones que nadie le pidió cuando no es una autoridad competente. En la otra entrevista estaban mis acompañantes terapéuticas, que desde hace un tiempo trabajan conmigo para que pueda lograr mayor independencia. Le hicieron la siguiente pregunta, un tanto cínica, de ¿por qué no avisamos de mi situación con anterioridad?. Pregunto: ¿avisar qué?, que soy una persona joven, que quiere seguir creciendo, sumando nuevas experiencias de vida, nuevos conocimientos y que quiere ejercer su derecho de acceder a una educación pública, laica y gratuita. Yo creo que en algo tenían razón, hay que avisar, hay que avisarles que la discriminación es un delito, avisarles que ignorar a las personas porque tienen alguna dificultad o simplemente porque son diferentes a mí, y que por lo tanto no tolerar, no comprender ni colaborar a superar esa diferencia, responde a un acto de bajeza humana y es hora de que entiendan de que nacieron en un mundo donde gracias a Dios y a pesar de todo, aún reina la diversidad. Hoy, esta experiencia me deja un sabor amargo y me muestra la máscara de la tragedia, pero yo no me rindo y sigo adelante porque yo sé que en algún lugar me está esperando alegre y vivaz la máscara de la comedia y la voy a encontrar. Por eso si a alguien le pasó algo similar y está triste, déjeme decirle que hay que vivir la vida como si fuera una gran obra teatral, si al salir a escena nos tropezamos y caemos, nos levantamos y seguimos, si al decir el texto nos olvidamos la letra improvisamos y seguimos de eso creo que se trata la vida, de que pase lo que pase siempre hay que seguir adelante.































