El 2 de abril de 2012, los argentinos recordaremos a quienes ofrendaron su vida -tanto la de quienes volvieron como la de los que quedaron en las Islas- para mostrarnos que no todo se pacta en el mercado, que hay valores trascendentes. El 2 de abril de 1982, nadie fue a la Plaza de Mayo a aplaudir a un general o mostrar adhesión a un proceso que ya era cadáver político. Fue el instinto de patria, ese sentir del corazón cuyas razones la razón a veces no entiende. Tal es así, que la causa Malvinas abarca a civiles y a militares, a los partidos políticos y a las organizaciones sociales. Y eso genera una tentación, manipular el sentimiento patrio o tergiversar la historia. Hoy, como en 1806, 1807 y en 1845, Inglaterra muestra por qué llegó a ser un imperio; "res non verba", hechos y no palabras utiliza la política. Por eso, opino que la señora presidente apeló a unas pocas nueces: las palabras que nada dicen, mientras los ingleses nos persuaden de quiénes son los que mandan. Dejo los siguientes datos ilustrativos: nuestras Fuerzas Armadas carecen de espíritu y recursos para tener una capacidad disuasiva creíble, tanto el componente terrestre, naval y aéreo, no podrían resistir una escalada desde Chile o Brasil. Naciones que se han reequipado -siendo gobiernos, incluso socialistas, teniendo en el caso chileno a la señora Bachelet como ministra de Defensa- porque primero Chile, primero Brasil, es decir, los objetivos e intereses del Estado nacional y no los del partido gobernante. Finalmente, el diario La Voz del Interior de Córdoba, del 8/2/12, daba cuenta que los futuros pilotos de la Fuerza Aérea, no tienen avión para entrenar. La nave Mentor ha dejado de funcionar, en 2007, luego de 50 años de uso. Es de sentido común que nadie negocia con alguien disminuido en sus fortalezas, lo somete, lo mata o abandona, todo lo demás es ruido de nueces. Si algo sensato puede hacerse hoy, es diseñar una política de Estado para las Fuerzas Armadas y, aunque se escandalice alguien, "malvinizar la Argentina continental", es decir, que el espíritu de servicio y sacrificio de nuestros soldados impregne hoy el alma de cada argentino para la guerra cotidiana: la que hay que librar contra la corrupción, las adicciones y la inseguridad.






























