Los argentinos en cualquier centro urbano sufrimos en forma progresiva y creciente la violencia por el delito: todo un combo de transgresión de las leyes, normas, derechos humanos, que denominamos "inseguridad". En la provincia de Santa Fe se incrementaron en un 100 por ciento las muertes violentas comparadas con el año pasado; el ex ministro de Seguridad Leandro Corti, estrella del gabinete socialista por su compromiso con la institucionalidad democrática, implacable con la corrupción interna, terminó estrellado por la polémica de un "partido de fútbol". Hace poco, quise asistir como espectador a la cancha de Newell's cuando debía jugar con Unión de Santa Fe; las entradas para los hinchas locales estaban agotadas, me dirigí a las ventanillas para los visitantes, pero grande fue la sorpresa cuando me dijeron que esas entradas se vendían únicamente en Santa Fe. Cuando se asiste a un encuentro de fútbol en Argentina hay todo un fantástico despliegue policial para separar las hinchadas de cada club con miles de policías. De lo contrario, la violencia se desataría en forma espontánea y brutal, palizas, heridos, muertos. En el partidazo del sábado 9 del corriente que disputaron en Nueva Jersey, Estados Unidos, Argentina con Brasil con una victoria de 4 a 3 sobre el clásico rival y con el desempeño fenomenal de Messi, Lavezzi —que ingresó en reemplazo de Higuaín a los 87 minutos— sólo duró tres minutos ya que resolvió levantar del cabello a un jugador de Brasil porque "él creyó y juzgó que estaba simulando"; por lo que fue expulsado. Todo un paradigma de la violencia argentina. Pero hubo un detalle no menor que pudimos observar por televisión: en todas las plateas, en el mismo sitio, había indiferentemente hinchas de Argentina con sus banderas e insignias compartiendo perfectamente con hinchas de Brasil, con sus banderas, camisetas y cánticos en perfecta armonía. Y ¡guay! con trompearse o insultarse, o lesionarse o matarse! Me pregunto ¿cómo es posible que los mismos argentinos y brasileños cuando están en un país como Estados Unidos se comportan como ciudadanos respetuosos de los derechos humanos; pero cuando están en Sudamérica se transforman en salvajes violentos atroces y personas aterradoras en sus conductas? ¿Qué nos pasa? ¿Por qué nos transformamos? ¿Alguna vez cambiaremos definitivamente la violencia por la paz? Ojalá que así sea y la violencia e inseguridad sean sólo un lejano recuerdo.
































