El pasado 18 de enero mi papá debió ser internado en el Sanatorio Julio Corzo como consecuencia de un ACV y por pertenecer a Osecac. Desde su llegada, y por 48 horas sólo se le hizo una tomografía computada y se le colocó suero para que no se deshidratara. Su estado era crítico. Después de varios reclamos, en distintas oportunidades y a diferentes personas, logramos que lo vea un neurólogo (que según él mismo aclaró que recién lo notificaban de ese paciente), quien dispuso el traslado en forma inmediata a cuidados intensivos. Allí lo compensaron y luego de algunos días lo pasaron nuevamente a una sala común. Otra vez la odisea. Debíamos pedir por favor y en reiteradas ocasiones que lo higienizaran o que le destaparan la sonda, entre otras cosas (aclaro que cada enfermera que lo atendía salía con su propina en el bolsillo). También hago la salvedad que en determinados días y horarios había una sola enfermera para cubrir uno o dos pisos. ¿Eso es correcto? Hoy, gracias a Dios, a nuestra fe, al padre Ignacio y al padre Ariel de Soldini mi papá se está recuperando satisfactoriamente. No quiero dejar de reconocer la ayuda incondicional de familiares y amigos y de la Clínica de Rehabilitación Integral Pilares donde mi papá se encuentra aún internado para seguir rehabilitándose. Quise hacer notorio este caso para que no quede impune, para que quien corresponda tome cartas en el asunto y para que no tengamos que pasar nunca más por una situación semejante ni nosotros ni nadie. Con la salud de las personas no se juega.


































