Hace 30 o 40 años, los que hoy peinamos canas y tenemos entre 45 y 55, a la escasa edad de 15 o 16 cargábamos sobre nuestras espaldas con ligeros pecados, como haberle robado alguna que otra vez el auto al viejo, sacarle unas monedas del monedero a la vieja, decir que íbamos al colegio y nos hacíamos la rata, a lo sumo habernos iniciado en la sexualidad con alguna prostituta llevados de la mano por algún primo o amigo mayor. Pero hoy en día una gran mayoría de los jovenes de entre 14 y 18 años cargan sobre sus espaldas con pesados pecados, por decirlo de alguna manera, como son sus adicciones a las drogas y al alcohol, la violencia, robos, cuando no muertes que eclipsan la paz social. ¡Qué poco viven!, y qué poco disfrutan de la vida, paradójicamente ellos también deciden que otros inocentes vivan poco, dado que las estadísticas detallan muertes de personas muy jóvenes. ¿Qué herramienta social habría que utilizar para decirles a estos jóvenes que la vida se hizo para vivirla y que sólo el Supremo Celestial es el que pone el límite a los días del humano? ¿Será el Estado? ¿Seremos nosotros individualmente como partes integrantes de una comunidad los que tendremos la responsabilidad de apuntar una salida? Hoy la sociedad argentina clama por poder vivir en paz y con seguridad, pero faltan las armas, y no son justamente las de fuego las que escasean.


































