El 5 de agosto quedaban atrapados en las entrañas de la tierra 33 mineros chilenos. En su búsqueda y rescate se movilizaron miles de personas e invirtieron decenas de millones de dólares, y al cabo de 70 días se logró su recuperación, todos sanos y salvos, constituyéndose en una de las epopeyas de la década. Al día siguiente de semejante tragedia, el 6 de agosto, cautivado por la propaganda del gobierno social-publicista de la provincia, solicité una partida de nacimiento por internet haciéndome eco de la intensa promoción hecha por todos los medios. Inmediatamente deposité, también por vía de internet, los 23 pesos desde una cuenta del Banco de Santa Fe. Esos 23, tal como los 33 mineros, también quedaron atrapados, nada más que en las entrañas de la burocracia. Transcurrieron los siete días de rigor, transcurrieron los 15..., el mundo ya sabía que "los 33" estaban vivos, sin embargo yo no tenía noticias ni de la partida ni de "mis 23". Reclamé por el único medio..., ¡sí..., por teléfono a Santa Fe! (Dios tiene sucursal en Santa Fe sólo), y por supuesto que recordé aquella linda frase de campaña, "provincia y municipio en un mismo sentido", apreté los dientes. Fui muy bien atendido. La partida no apareció. Cuando los trépanos avanzaban raudos y precisos hacia el objetivo, transcurridos ya un mes, volví a reclamar. La partida seguía atrapada, los 23 también, ya que el pago no se había podido confirmar. ¡Medios electrónicos! ¡Siglo XXI! "Reclame al banco". "Reclame a la provincia". Yo señor..., no señor..., ¡el gran bonete! Conclusión, tras 70 días, los 33, Fenix 2 de por medio, uno a uno fueron saliendo a la superficie. ¡Final feliz! Mis 23 siguen atrapados. La partida, cansado de esperar -milagros-, la solicité personalmente, demoré no más de media hora, costo cero, entrega en 7 días. ¡Ya no la necesito! ¿Y los 23? Quien los tenga, sea el gobierno o el banco, por favor..., ¡impútenlo a caja de empleados! Gracias.






























