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Lo absuelven por matar a su madre en un rapto de locura

El viernes 5 de abril la familia de Julia Conrada Intelizano, de 51 años, se hizo añicos. Alrededor de las 4 de la mañana su hijo Julián, de 25 años, la asesinó de cinco puñaladas en el dormitorio...

Viernes 01 de Noviembre de 2013

El viernes 5 de abril la familia de Julia Conrada Intelizano, de 51 años, se hizo añicos. Alrededor de las 4 de la mañana su hijo Julián, de 25 años, la asesinó de cinco puñaladas en el dormitorio de la casa que compartían en calle González del Solar al 900 bis, en el barrio Fisherton Norte. Tras ello el muchacho arremetió contra su hermana, quien le recriminó lo que había hecho. La joven recibió cortes en el cuello y en una de sus manos antes de salir a la calle en busca de auxilio. Siete meses después, y tras valorar un informe de una junta médica de salud mental, el juez de Instrucción Juan Carlos Vienna dictó el sobreseimiento de Julián al entender que al momento del crimen padecía una "confusión alucinatoria aguda" dentro de un cuadro clínico conocido como "Amentia de Meinert", por lo que ordenó su internación en una clínica psiquiátrica.

Cuando la desgracia tocó a la puerta de la familia de Julia Intelizano, la vida no era sencilla ni para la mujer, que se ganaba el pan trabajando como enfermera en un sanatorio privado, ni para Julián, que tras vivir más de cuatro años sumergido en el consumo de estupefacientes había intentado suicidarse el 3 de abril. Tan grave era el cuadro de situación que el padre del muchacho, quien estaba separado de Intelizano, realizó una gestión ante la Defensoría Civil 4ª de los Tribunales para lograr la inmediata internación de su hijo. Ese ingrato recuerdo quedó registrado como el expediente 803/13. "Mi hermano tuvo un intento de suicidio y mi papá, que ya no vive más con nosotros, fue a Tribunales y consiguió un oficio donde dijeron que iban a mandar una ambulancia para que lo internen. Pero la ambulancia nunca apareció", declaró en la causa una de las hermanas de Julián.

"¿Por qué mataste a mamá?", fue el grito que rompió con el sueño de los vecinos de González del Solar al 900 bis poco después de las 4 de la mañana del 5 de abril.

Crisis de abstinencia. El reproche de una de las hermanas de Julián fue escuchado por un vecino que se acercó a la casa y ayudó a controlar al muchacho. "Se que Julián tiene o tenía problemas de adicción, pero no era problemático. En la cuadra nos sorprendimos porque era un chico tranquilo", dijo en su declaración ese vecino. María Cecilia, hermana de Julián, fue la que se topó con la escena del crimen de su mamá y forcejeó con su hermano, desbordado por una crisis de angustia y abstinencia de drogas.

"Esa noche Julián estaba tranquilo, estaba bien. Pero el día anterior ya había amenazado con suicidarse. De hecho le pedía perdón a mi mamá, que no soportaba más. Sinceramente esa noche no parecía él. Jamás había sido violento ni había levantado la voz. Siempre fue más bien miedoso. La pelea —el forcejeo conmigo— terminó cuando él ya estaba volviendo en sí. Con mi mamá no era de discutir, no peleaban y él siempre decía que era lo que más amaba en el mundo", indicó en su declaración María Cecilia.

"En un momento me escuchó decir, no recuerdo si al vecino o a los policías, que había matado a mi mamá. Me miró y dijo: «No, no, no. Cómo voy a hacer eso si es lo que más amo en el mundo» Y empezó a darse la cabeza contra el piso", describió la joven en su declaración.

A Julián lo sacaron de su casa esposado bajo la latente acusación de homicidio agravado por el vínculo. En el patio de la casa de uno de sus vecinos encontraron el arma homicida: una cuchilla de mango blanco de 20 centímetros de hoja. De su habitación la policía se llevó anotaciones y un libro: "La lucha con el demonio", del austríaco Stefan Zweig.

Peligroso para sí. El informe psiquiátrico de Julián, realizado por una médica forense pocos días después del asesinato, indicó que "no era peligroso para terceros, pero si para sí mismo"; que "presentaba humor triste con marcado abatimiento y sentimiento de pesar e ideas de muerte"; y que "reconocía antecedentes de drogas, con tratamientos previos y abandono de los mismos en «AVCD» y «Vínculos» manifestando la necesidad de comenzar un nuevo tratamiento". Por eso se recomendó la derivación al servicio de guardia del Centro Regional de Salud Mental Agudo Avila.

Posteriormente Julián fue evaluado por una junta médica de salud mental que dictaminó: "Se encontraba en pleno desarrollo de un cuadro compatible con «confusión alucinatoria aguda», nombrada Amentia de Meinert por la escuela de psiquiatría de Viena y equiparable a la Boufeè Delirante Aguda de la escuela francesa; motivo por el cual no pudo comprender la criminalidad de los actos que le imputan ni dirigir sus acciones conforme a tal estado".

El cuadro clínico sufrido por Julián fue descripto por Sigmund Freud en su libro "Neurosis y psicosis" (1924) como "la confusión alucinatoria aguda, acaso la forma más extrema e impresionante de psicosis". El juez Vienna ordenó que Julián fuera internado para recibir tratamiento.

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