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Le dan 14 años por intentar matar a su hija con un helado envenenado

Locura en Totoras. La nena, de 7 años, le convidó a otras cuatro chicas y se intoxicaron todas. El padre había amenazado con hacerlo, dolido tras separarse de su mujer.

Domingo 21 de Abril de 2013

Un hombre que en diciembre de 2010 intentó envenenar con un helado a su hija, en la localidad de Totoras, cumplirá 14 años de prisión, según lo acaba de confirmar la Cámara Penal de Rosario. El 14 de diciembre de 2010 Jorge Antonio Herrera, que hoy tiene 61 años, llegó a la casa de su ex esposa llevando un helado de chocolate y frutilla y se lo entregó a su hija de 7 años. La pequeña estaba jugando con tres de sus amiguitas, de 5 y 8 años, y su cuñada de 17. La nena compartió el helado por lo que las cuatro chicas debieron ser internadas: habían sufrido una severa intoxicación con un veneno especialmente indicado para insectos y gusanos en tratamiento de suelo. En diciembre de 2012 el juez de Sentencia José Luis Mascali condenó a Herrera por tentativa de homicidio calificado por el vínculo y por el uso de veneno contra su hija, y por lesiones leves contra las amigas de la pequeña. El fallo fue apelado por la defensa del condenado.

La abogada defensora de Herrera alegó en su apelación que su defendido no admitió la autoría en el hecho y que no había pruebas objetivas que señalen que fue el acusado quien disolvió el veneno en el helado. La profesional apuntó a que la ex esposa del condenado había manipulado imprudentemente un conocido matamoscas en aerosol sobre el helado, lo que provocó la intoxicación de las niñas. Y para desestimar el agravante del vínculo paterno, indicó que la ex de Herrera nunca aportó la partida de nacimiento de su hija que acreditara el parentesco.

Los exámenes últimos de salud dejan ver que Herrera no es un hombre sano. Tiene episodios delirantes, dificultades para el habla y deterioro cognitivo por su adicción al alcohol (ver aparte).

El envase, una evidencia. Los camaristas de la Sala II —Otto Crippa García, Adolfo Prunotto y Ramón Teodoro Ríos— indicaron que "al allanarse de inmediato el domicilio de Herrera se secuestró un envase plástico cuyo contenido, según la pericia (del Cuerpo Médico Forense del Poder Judicial de la Nación), resultó ser «Furadán», un producto usado como insecticida y nematicida, altamente tóxico por ingestión o inhalación.

La misma pericia concluyó que idéntico producto se detectó en la remera con restos de vómito, perteneciente a una de las afectadas", según puede leerse en el escrito.

"Herrera, con la cínica ofrenda del helado a su hija, no hizo más que consumar las espantosas amenazas proferidas con anterioridad", sentenció el camarista Ríos, en un dictamen compartido por sus pares. La existencia de amenazas previas fueron acreditadas por múltiples testigos.

 

Un vínculo difícil. Jorge Antonio Herrera y María Z. mantuvieron una breve vida de pareja de la cual, en 2001, nació G., una nena que hoy tiene 10 años.

El fin de la relación enfureció al hombre, quien desde entonces amenazó con matar a la mujer y a la nena, llegando en algunas ocasiones a atacarlas físicamente.

Eso le valió una condena penal y la prohibición de acercarse a la vivienda que ellas ocupaban en Totoras, a 57 kilómetros al noroeste de Rosario. En la resolución judicial consta que el hombre amenazó a su ex diciéndole: "Si la nena no está conmigo, no va a estar con nadie. Los voy a envenenar a todos. Los voy a matar uno por uno y no se van a dar cuenta". El hombre nunca respetó esa sentencia y la tarde del martes 14 de diciembre de 2010 llegó al lugar llevando un pote con helado de chocolate y frutilla.

En la casa de bulevar Rivadavia y Saavedra, en Totoras, aquella calurosa tarde de verano de 2010 G. jugaba en el patio con su cuñada M. H., de 17 años; las mellizas Abril y Brisa F, de 5 años; y Luciana P. de 8. En esas circunstancias Herrera llegó con el pote de helado, se arrimó hasta el alambrado de la calle y se lo ofreció a su hija. Le advirtió que lo comiera ella sola. La nena empezó a comerlo y le fue convidando a sus amiguitas. Recién entonces Herrera se fue del lugar en la bicicleta en la que había llegado.

El relato de la nena. En el dictamen hay una breve descripción del testimonio que G. brindó en la Cámara Gessell, formato en el que un menor cuenta lo que le sucedió, asistido por profesionales, para no revictimizar al niño víctima de abuso físico, mental y sexual y los malos tratos. "Tenía siete años. Me había llevado un helado mi papá a mi casa. Nunca antes había llevado. Yo estaba con unas amigas. Lo trajo en una bolsita que no tenía marca ni tapa. Estaba medio derretido, se había chorreado, era de chocolate y frutilla; lo comí con mis amigas". Y luego explicó: "Las dos mellizas comieron un poco de chocolate porque no les gusta la frutilla. Otra amiga, L., comió un poquito de las dos cosas. Después nos fuimos a sentar y nos empezamos a marear. Estábamos en mi casa. Una de las mellizas no se mareó porque no tomó mucho. Queríamos vomitar".

Cuidado intensivo. A las 18.45 una dotación de Bomberos Voluntarios tuvo que acudir a la vivienda. La víctimas tenían síntomas de intoxicación severa se las trasladó al Samco de Totoras. Como el cuadro era grave fueron trasladas en ambulancia a Rosario. A. quedó internada en el sanatorio Rosendo García. G., quien sufrió tres paros cardíacos en el trayecto, fue alojada en el sector de cuidados intensivos del sanatorio Saladillo.

"Se le diagnosticó intoxicación por órganos fosforados y pancreatitis química, con síntomas graves que pusieron en riesgo real su vida y demandaron colocarla en respiración asistida", refiere la resolución. Y L., en el hospital Provincial.

Luego de ser atendida en la clínica de Totoras, M. fue dada de alta. La adolescente por su contextura física fue la que mejor pudo tolerar los efectos del veneno. También la única que conservó lucidez como para referir a los policías lo que había ocurrido.

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