Las reacción del gobierno nacional frente a la aprobación por el Senado del 82 por ciento de ajustes en los misérrimos haberes de los jubilados desnuda ahora una realidad política que si no fuera por la dramática situación de nuestros abuelos daría para varios programas del inefable Tato Bores. La cantidad de "nuevos" jubilados que incrementaron el número de beneficiarios, sin haberse hecho un prolijo trabajo de censado real de los necesitados, de trabajadores con trabajo en blanco y aplicar un criterio justo de distribución que evite hacer colapsar las prestaciones, fue dejado de lado por el apuro electoral del gobierno nacional en mostrarse como los "preocupados" por los abuelos. Señoras esposas de empresarios han accedido a jubilaciones sin aportes y hoy acogidas a moratorias integran la capa de nuevas obligaciones de la Ansés y que destinan su ingresos en muchos casos a viajes y cosméticos, deformó la tributación provisional, generando lógicos desequilibrios y sobre los que tienen responsabilidad el matrimonio Kirchner junto a los ministros y secretarios del área. Esas improvisaciones trabaron ese hoy reclamado 82 por ciento y el argumento de que no habrá formas de financiarlo cae con los más salientes ejemplos del sistema de subsidios vigente entre los que se destacan e indignan el de la minería a cielo abierto, el juego (don Cristóbal perinola), evasiones no controladas de exportadoras y o procesadoras de cereales, etcétera, nueva ley de entidades financieras y un impuesto a las transferencias de divisas, para que el beneficio esté asegurado por ley del presupuesto nacional. No hay posibilidad de quiebra del Estado si el actual gobierno nacional debate sin condicionamientos y administra los recursos con responsabilidad. El problema no es el 82 por ciento, es el capricho del gobierno y la oposición de no torcer el brazo y encarar un debate abierto para decidir entre todos de donde sacar los recursos para poder pagarlo.






























