“La vida que siempre soñaste” es para el director rosarino Germán Carver una promesa ambigua, y al mismo tiempo el título de su primer largometraje tomado de una frase publicitaria que eligió por los motivos opuestos a los originales. El film es un tríptico cuyo tema central son las relaciones interpersonales y de pareja que comenzó a rodar en 2015 y que se estrenará este sábado, a las 20.30, en el cine El Cairo (Santa Fe 1120).
El trabajo, basado en tres cuentos de Carver, cuenta con un elenco de reconocidos artistas de la ciudad como Raúl Calandra, Lala Brillos, Julián Sanzeri, Juliana Morán, Florencia Crende, Eugenia Echegaray, Miguel Angel La Cruz, Miguel Franchi, Claudia Schujman, Gustavo Guirado, Adrián Giampani, Natalia Pesenti, Leandro Federico, Jorge Ferruchi y Raquel Elorza. La dirección de arte estuvo a cargo de Oscar Vega, la música original fue compuesta por Esteban Sesso y la dirección de fotografía fue responsabilidad de Fernando Zago.
¿Cómo surge este proyecto?
Está basado en tres cuentos míos. Soy de la primera camada de la Escuela de Cine, pero antes del digital era muy caro filmar. Había desistido y en el 2015 estaba haciendo un taller de escritura narrativa con Marcelo Scalona y tenía un par de textos, sobre todo el primero, que era muy filmable. Me largué con eso, armé un equipo y al año hicimos la segunda de las historias y después la tercera, y con las tres armé el tríptico que es un largo y dura 100 minutos.
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El film cuenta con intérpretes y técnicos locales.
¿Cuál es el hilo conductor de los tres cuentos?
El hilo conductor son relaciones interpersonales, sobre todo de pareja. Mi inspirador siempre fue Woody Allen, así que el trabajo intenta ir por ese lado. La primera la estrené a fines de 2015 como un mediometraje de 40 minutos con el nombre de “Hermano querido”. Esa película es sobre un músico, que triunfó en Europa en una orquesta de tango, vuelve a visitar al hermano. La segunda es sobre un artista plástico que rompe con su pareja, una mujer un tanto mayor comprometida con temas sociales y empieza a salir con una más joven muy distinta. La tercera son tres historias resumida en una principal que es la de una pareja que tiene un trasfondo muy sutil sobre el momento político de 2017. En el tríptico están divididas por años: la primera en 2013, la segunda 2015 y la tercera 2017. La primera está narrada casi en tiempo real, en cambio la segunda hay saltos temporales y la tercera son tres historias con montaje paralelo, encuadres fijos.
Empezaste a filmar en 2015. ¿Qué cambió en las relaciones interpersonales en estos años, con una sociedad dispuesta a debatir y hablar de temas que quizás antes no se abordaban de forma tan directa?
En esta película siempre me preocupó indagar en mis propias relaciones de pareja y también porque siempre admiré ese costado de las películas de Allen, como “Maridos y esposas”, “Manhattan”, y tantas otras donde trata el tema de las parejas, las neurosis, la histeria. En términos más amplios, creo que las relaciones siguen más o menos iguales. Tiene que ver con distintos estamentos sociales: hay algunos donde las parejas son menos pretenciosas y son más felices y otro sector de la sociedad que buscamos ir más allá y vivimos en un eterno inconformismo. En la película aparecen parejas dentro de todo tradicionales, pero por supuesto adhiero a toda esta apertura y los cambios, y apuesto por que cada vez seamos más abiertos a hablar de distintos temas.
¿A qué hace referencia el título?
El título surgió cuando hace unos años leí esa frase junto a la imagen de una familia tipo, en la publicidad gráfica de un loteo en una localidad cercana a Rosario, una frase que me cayó un tanto hipócrita, pretenciosa y cargada de falsedad, como dando por sentado que todos tenemos el mismo objetivo y el mismo concepto de felicidad. El título es totalmente irónico porque hay una pretendida imposición de que la felicidad va por ahí, que hay un solo tipo de familia. Si bien yo no propongo otro tipo de familia en la película, sí cuestiono la idea de que es fácil encontrar la felicidad en la familia tradicional, en el matrimonio, en las relaciones de pareja. Si bien no aborda otros tipos de familias, como podrían ser las monoparentales o del mismo sexo, sí cuestiona a la familia en sí misma, las relaciones de pareja como mojón de felicidad, la idea de que porque tenés una pareja sos más feliz que el que está solo.
En retrospectiva, ¿cómo ves la transformación del panorama audiovisual?
En cuanto al cine, aplaudo que se haya democratizado. Hoy no es tan prohibitivo filmar, cualquier persona con medianos recursos puede concretar una idea y eso está bárbaro. Lo que noto, y que no es solamente inherente al cine sino a todas las actividades artísticas, es que tanto en Argentina como en todos los países ha caído la vara cultural. Creo que hoy está todo atravesado por contenidos muy vacíos. Me acuerdo que cuando estudié no había proyecto válido para la Escuela que no tuviera un contenido social o con una mirada crítica, y hoy la mayoría hablan de zombies, extraterrestres y cosas así. Y en mayor o menos medida lo noto en todas partes y en todas las áreas.