Muchos en París no conocen a sus vecinos. La vida en la capital francesa es, a menudo, una vida anónima, y la mayoría de la población reside en edificios de seis plantas sin ningún nombre en la puerta que indique quién habita allí. Sin embargo, hay unos pocos lugares donde los residentes pueden reivindicar que viven en contacto con la naturaleza y con sus vecinos, como en un pueblo.
París dispone de unos 150 atracaderos para casas-barco situados en el río Sena, y están muy disputados. Sus potenciales dueños deben ser pacientes, a veces tienen que esperar hasta 15 años para poder crear su hogar en el agua.
El diseñador Philippe Guyot vive con su familia en el puerto de los Campos Elíseos y es muy consciente de la suerte que tiene. “Mi hijo nació en este barco y mi pareja también se crió en él”, dijo Guyot, que vive en un antiguo carguero, el Djackoo.
El Djackoo está amarrado, junto a otras 46 casas-barco, cerca de la plaza de la Concorde, con vistas a la torre Eiffel.
El barco tiene 80 años y algunos de sus vecinos son incluso más viejos. Casi ninguno de ellos se ha movido de su atracadero, y la mayoría han pasado décadas amarrados en el Sena.
“Todas las mañanas me levanto para disfrutar de esta vista única y de la vida con la naturaleza”, dice Guyot. Y afirma que no puede imaginarse viviendo en otro lugar.
La mayoría de los dueños de casas-barco lleva viviendo en el agua desde los años 70, según Guyot. En aquella época, el mayor deseo era vivir “de forma distinta”. Entre sus vecinos hay médicos, empresarios y arquitectos. “Vivimos en un ambiente amable. Si uno decide vivir en el Sena, lo hace para estar más cerca de la naturaleza”. Pero, aunque evita mencionar cifras exactas, Guyot confiesa que vivir en el agua no es barato.
El puerto es de en torno a un kilómetro y sólo puede ser utilizado por casas-barco. Los residentes aprecian que allí las autoridades no puedan cambiar nada. Tienen las manos atadas porque la Unesco concedió el estatus de patrimonio mundial de la humanidad a ese tramo del río entre el puente de Sully y el puente D’léna en 1991.
El espacio para vivir en los dos puertos parisinos de los canales es algo menor, pero ni mucho menos modesto. Justo delante de la isla de San Luis, el canal se divide, y un brazo que conduce al puerto Arsenal. Al igual que en el Sena, los dueños de las casas-barco también tienen contacto con sus vecinos y están en el centro de París.
Además, hay 180 casas-barco amarradas al embarcadero de 500 metros cercano a la plaza de la Bastilla.
Joe Reinarz y su esposa, ambos de Rótterdam, alquilan un puesto en Arsenal para los meses de invierno desde hace tres años. Al igual su padre y su abuelo, Reinarz fue capitán de un barco renano, así que no sorprende que sintiera una fuerte conexión con el agua. Cuando se jubiló, construyó un yate. El y su mujer disfrutan sus visitas culturales a París cada vez que amarran su Kairos en el puerto. Y en verano, se lo llevan al mar.
Sin embargo, a los vecinos de los Campos Elíseos no les impresiona tanto la vida en Arsenal. Guyon ni mencionaría el tema, salvo un detalle: “No hay olas en el puerto de yates. Esa no es una auténtica vida en el agua”. l


























