Los rosarinos tuvieron una oportunidad única de admirar a Maya Plisetskaya en el auditorio que la Fundación Astengo tiene en Mitre 754, donde se presentó el 4 de marzo de 1995, en el marco de una gira que durante más de dos meses hizo por la Argentina. Dos días antes, en una entrevista que concedió a La Capital, dialogó extensamente con Gastón Bozzano sobre la razón de su vida, el ballet, sus aspiraciones, sueños, sus padecimientos durante la guerra y sobre la realidad opresiva de la entonces Unión Soviética.
Así, contó cómo vio crecer hasta límites insospechados el ballet en su país, atravesó los horrores de la invasión del nazismo y la dictadura estalinista, que fusiló a su padre, superó la perestroika y su desilusión porque la apertura cultural no alcanzó a la económica, aunque seguía ilusionada en ese entonces con una renovación profunda de las estructuras del Bolshoi, sobre el cual decía que "ahí todavía existe la Unión Soviética".
Preguntada sobre su apreciación del nivel de la danza en la Argentina, recordó que había presenciado un espectáculo en Mar del Plata. "Estaba hecho por un coreógrafo de mucho talento. No puedo decir que todo era fantástico y maravilloso, pero me gustó porque era de muy buen nivel. Ahora bien, no puedo juzgar sobre un panorama general porque solamente vi un espectáculo".
Ella luchó por años para que se reestructurara el ballet ruso, y mucho tiempo debió enfrentar a la burocracia. "Pareciera que solamente tengo obstáculos. Es una pena, pero tengo que decir cosas no muy agradables, porque desgraciadamente en el Bolshoi, la Unión Soviética no tiene ganas de terminar, y pienso que eso no va a suceder nunca".
Se sentía sola en esa aspiración. "La gente del arte nunca tuvo fuerza, no suele tenerla. Porque solo pueden tener fuerza quienes ostentan poder. Yo escribí un libro autobiográfico en le que hablo de estas cosas en detalle. El libro tiene un éxito muy grande ahora y solamente en seis meses tuve que reeditarlo. Allí está toda mi vida". Al recordársele que ella había dicho que quiso ser actriz, Maya explicó que para ella no son universos separados. "A la escuela de ballet mis padres me enviaron desde muy pequeña. Hacer arte dramático implica la elección de una persona ya mayor. Cuando se termina de estudiar ballet es cuando aparecen las ganas de ser artista dramático. Pero una ya es una bailarina".
"Podría haber elegido. Es más, un director de teatro dramático trató a toda costa de captarme como actriz, pero lo que pasó es que yo ya tenía mi repertorio, ya tenía el ballet incorporado", recordó.
Dijo que no era una persona mística, pero que sí le gustaba serlo "en el cine, en el teatro".
Sobre la danza en la Argentina, recordó con entusiasmo a Jorge Donn, "un bailarín maravilloso con el cual yo bailé".
Consideraba que el ballet había comenzado a alcanzar niveles de popularidad insospechados por una creciente publicidad de los espectáculos, que servía para encumbrar a numerosos artistas.
También advertía que "los nuevos bailarines dan cuenta de que, técnicamente, el ballet se desarrolló últimanente muchísimo, creo que por una gran influencia del deporte. En el deporte mismo cosas maravillosas técnicamente que antes no sucedían y también eso fue incorporado al ballet. Si ahora alguien ve una competencia gimnástica (las disciplinas de la gimnasia deportiva), puede ver a qué altura levantan las piernas los deportistas y podrá darse cuenta de lo que digo".
Esa tendencia la llevaba a pensar en 1995 que en el ballet se estaba privilegiando la cuestión técnica y física sobre la dramaticidad del arte. "Solo técnica, solo físico. Cuando hay mucho deporte el dramatismo pierde su cualidad. Hay muchos bailarines que ni siquiera escuchan la música y van solamente al hecho de hasta dónde pueden llegar con la pirueta. Entonces, el bailarín baila y hace solo lo suyo, el músico hace lo suyo, no se molestan uno al otro, y así cae la dramaticidad, el equilibrio emocional que debe haber en esa unicidad que no se produce".
Sobre las corrientes estéticas, dijo que lo único que siempre la había importado eran "las coreografías de la gente de talento. No me importaba que estilo tenía. Necesitaba tener algo talentoso. Es importante cómo se hizo algo y no en cual estilo".
Al preguntársele que le decía el nombre de Stalin, dijo : "Pienso que no debe haber habido sobre la Tierra un hombre más horrendo que Stalin, y tampoco lo habrá".
Tampoco tenía una opinión favorable acerca de los ex presidentes Mijail Gorbachov y Boris Yeltsin. "A Gorbachov lo único que le interesó fue llegar al poder. El derrumbó al país para subir y el país dejó de existir. El destruyó el país y aún hoy viaja por el mundo sintiéndose como un héroe. Yeltsin es un buen hombre, pero muy débil".
Maya ya había deslumbrado a los argentinos con sonadas presentaciones en el teatro Colón, donde actuó con gran éxito de crítica y público en 1975 y 1976.