Respecto de la reforma curricular para el nivel superior, el leit motiv de los funcionarios del Ministerio de la provincia es que "no se perderán horas" (Irene López y Graciela Farre, La Capital 27/05/14; ministra Claudia Balagué, La Capital 30/05/14). Ante el cuestionamiento de la comunidad docente, responden eso. Es una repuesta defensiva, argumentalmente pobre porque reduce el asunto a un hecho salarial de la inmediatez. De esa manera quedan escamoteadas las razones de mayor profundidad que nos preocupan a los docentes. Cuales son, las graves transformaciones que sufrirían la profesión y la escuela pública. Verbigracia, un docente mal formado, intelectualmente empobrecido, que intervendrá en un espacio, no como educador, sino como persona encargada de "cuidar" a jóvenes encerrados. Un docente que verá preterizada su razón de ser, que es la de cuidar, en el buen sentido, a los jóvenes. Porque la única manera bien entendida que un docente tiene de cuidarlos es la de acompañar y guiar el proceso por el cual creen las herramientas necesarias para que puedan transitar como seres autónomos el camino de la inclusión laboral y social. Esta transformación del docente no será de carácter livianamente funcional, un simple cambio de tareas, sino una transformación antropológica de la profesión. El docente que surja de la reforma curricular que nos proponen, en un plazo mediato, no será un educador, sino otra cosa. Habrá dejado ese asunto, enteramente en manos de las otras instancias que en la actualidad participan en la formación de los jóvenes: la publicidad, el negocio del espectáculo, la TV, las nuevas formas de comercialización y comunicación, las formas autorreguladas del hampa. En síntesis, el mercado. El único y miserable destino que ese docente podrá tener será una escuela pública a la que los jóvenes asistan no a encontrar los medios para acceder a los bienes estratégicos de la cultura (el trabajo, la familia, las múltiples formas de relación social, la participación política) sino a demorar y naturalizar su pobreza. Una escuela que no ayude a los pobres a incluirse en la sociedad sino que realice la utopía neoliberal de sacarles su potencial disruptivo y "pacificarlos"; es decir, jóvenes pobres pero inofensivos. ¿El resto de los jóvenes, los no pobres? Bueno ellos sí podrán cumplir el ideal republicado del "derecho a la educación" y de la "igualdad de oportunidades". Ellos podrán gozar los beneficios de la democracia. Pagando, por supuesto. En el sector privado. El único que dispondrá de los medios para hacerlo. Imagino que en los equipos ministeriales no todos serán técnicos y habrá funcionarios procedentes de la militancia y de la educación pública. Imagino (y no envidio) lo revulsivo que debe ser para ellos ser los agentes de estos cambios, siendo que vienen de un partido que históricamente ha sostenido (y se ha sostenido en) las banderas del laicismo y la educación pública. El pasado viernes 30/05, frente a la zona de aprendizaje, un funcionario que salió a dar la cara (actitud destacable, nobleza obliga) intentó argumentar en favor de la reforma de marras y lo único que le salió fue que los docentes en actividad del nivel terciario no perderíamos las horas. Que nadie se equivoque, la oposición de los docentes públicos a la reforma no es una mera "cuestión de plata".

































