Con sólo recorrer la ciudad vimos que los enérgicos y esplendorosos talleres que hicieron grande a Rosario (pequeñas industrias, fábricas textiles, repuestos, tornerías, etcétera) se convirtieron en tristes y mal nacidas "grandes superficies", como los garages, supermercados, financieras o novedosos edificios modernos producto de la nefasta patria financiera nacida en la época de "la tablita". Hace rato que escucho a la gente mayor decir "acá antes había una fábrica de algo", "acá antes trabajaba mi padre". Esta triste realidad que lleva muchísimos años el país padeciéndola, gobierno tras gobierno, nos urge a pensar en cómo incentivar al empresario (los malos de la película) a elegir entre meter la guita en una financiera de filipinas o en producir bienes de capital y de consumo que brinden trabajo genuino a la gente como lo han logrado en gran medida nuestros vecinos de Brasil sin fundirse en el intento. Hay algo que estructuralmente anda muy mal. Sólo el inexplicable egoísmo y el cinismo de quienes les hemos dado el poder para gobernar, es lo que nos está llevando a la ruina total como sociedad civilizada. Esperemos que algún día podamos cambiar esta patética realidad argentina por nuestros hijos, nietos y generaciones futuras. Los que quieren ver una región con futuro se preguntan qué hacen en sus despachos la mayoría de estos funcionarios para que esto no siga como hace 30 años. En vez de beneficiarse a sí mismos con alguna "novedosa" licitación o con el nombramiento en algún "carguito" de sus parientes y amigos empiecen a implementar un sistema político-fiscal que empiece a crear empresas en serio. Quienes realmente se llevan este fabuloso crecimiento del país son los gigantes grupos financieros extranjeros y los grandes vivos de capitales argentinos que compraron todo a precio de remate concursal y venden todo al exterior en dólares "inflados" con la maquinita de hacer billetes de Kirchner. Como consecuencia de este derrumbe de la idoneidad y la eficiencia, la brecha entre los más ricos y los más pobres se sigue incrementando día a día provocando cada vez más violencia y mendicidad en una decadencia imparable de valores espirituales y morales de nuestra sociedad de valores espirituales y morales de nuestra sociedad.






























