Una mujer que trabajó durante 15 años como mucama en una misma casa. El tiempo y
quizás también un eficiente desempeño en las tareas hicieron que se ganara una confianza absoluta
de su patrona, a tal punto que fue invitada a compartir algunas vacaciones con la familia. Pero un
día, la empleada accedió a un pedido de su novio. Los sentimientos fueron más fuertes y no pudo
decir no: entregó las llaves del domicilio para que días después dos hampones irrumpieran en el
lugar a punta de pistola y se llevaran dinero en efectivo y joyas de oro.
Esa fue la primera pista que los investigadores policiales comenzaron a seguir
para dar con los autores del asalto a la casa de la jueza federal Sylvia Aramberri, ocurrido el
martes 5 de este mes, en Balcarce al 700. Verónica P., de unos 30 años, era una de las tres
empleadas domésticas que trabajaban allí y que estaban en el lugar cuando arribaron los
delincuentes.
Abrumada. De las primeras impresiones de la policía tras el asalto surgieron
algunas sospechas sobre el papel que jugó la muchacha mientras se producía el hecho. Eso, sumado a
algunas contradicciones en su testimonio, derivó en el traslado de la empleada a la Brigada de
Investigaciones de la Unidad Regional II como testigo, para que brindara más precisiones.
Tal vez en ese momento se haya sentido abrumada por lo que había pasado y, con
las sospechas que a esa altura comenzaban a rondarla, presentía que lo que tenía por delante era un
futuro muy oscuro. Verónica tiene un hijo de cinco años de una pareja anterior y además su padre
sufre una discapacidad que lo tiene postrado en silla de ruedas. Hasta que quedó presa era el único
sostén económico de su familia. Y entonces prefirió confesar. "Sí, yo entregué las llaves de la
casa a mi novio".
Héctor C. tiene casi su misma edad y fue apresado ese mismo día en su casa de
Roldán. Para los detectives de Investigaciones habría sido el organizador del golpe y quien
contrató y trasladó hasta la casa de la jueza a los dos autores materiales. El plan se tramó un mes
antes, pero la relación entre Héctor y Verónica se había iniciado hace casi dos años.
En el colectivo.El era chofer de la empresa de ómnibus Monticas y ella solía
tomar ese transporte cuando salía del trabajo para viajar hasta su casa en Funes. La relación nació
de esos encuentros forzados por la rutina y se prolongó hasta estos días, según declaró la propia
muchacha. El noviazgo transitaba sobre rieles. La propia Verónica describió en distintos lugares, a
los que iba por razones laborales, situaciones íntimas que vivía con su novio.
Pero a mediados del año pasado la situación laboral de Héctor cambió
drásticamente. De acuerdo a lo que constataron los investigadores, fue despedido de Monticas por un
episodio un tanto oscuro en el que fue incendiado un ómnibus de la empresa. Al parecer el fuego
habría sido causado en forma intencional y se le atribuyó cierta responsabilidad a Héctor. Poco
tiempo después consiguió trabajo como remisero en Roldán, donde vive.
A partir de esos episodios, y según trascendió de voceros de la investigación,
Héctor comenzó a pedirle en forma insistente información a Verónica sobre los movimientos de la
familia de la jueza Aramberri. "Decime si hay plata, cómo viven", la habría interrogado. El hombre
comenzó a visualizar el atraco una tarde en que pasó a buscar en auto a su novia por la esquina de
Santa Fe y Balcarce. La mujer subió con las llaves de la casa de sus empleadores en las manos.
"¿Y esas llaves?", preguntó Héctor. "Son de mi patrona", respondió Verónica.
"Vamos a hacer una copia", completó el ex colectivero. La mucama al parecer no pudo o no quiso
decir que no a esa altura de los acontecimientos. La pareja se acercó a una cerrajería en cercanías
de la seccional 3ª y sacó un duplicado. Según la pesquisa, luego Héctor reclutó a dos amigos a los
que había conocido en la bailanta Mogambo.
Esas personas fueron Ignacio S. y Eduardo R., ambos con domicilio en Ayacucho al
4000, en La Tablada. "Necesito gente piola y de confianza para hacer un laburo en la casa donde
trabaja mi mujer", propuso Héctor. Y el plan se puso en marcha. Verónica debía estar alerta y dar
aviso a su novio cuando la jueza y su marido se retiraran a trabajar.
La mañana del 5 de enero, Héctor pasó a buscar a los hampones por la zona del
Monumento a la Bandera y los dejó en la puerta de la casa. Sin embargo, el ex colectivero negó todo
ante la policía. Dijo que Verónica lo incriminó en el atraco por despecho. "Yo la quería dejar y
ella ahora me acusa de esto", les dijo a los pesquisas, quienes sin embargo tienen la confesión de
sus cómplices que lo señalan como el ideólogo del ambicioso plan.
El grupo
Por el asalto a la jueza Aramberri fueron detenidas cinco personas. Además de
una mucama y su novio fueron apresados los presuntos autores materiales, Ignacio S. y Eduardo R.,
tras permanecer escondidos unos días. Uno en Corrientes y el otro en un camping cercano a Roldán.
El quinto es Ramón R., supuesto entregador de las armas.