A Lady Zuñiga algo le hizo ruido dentro de su cabeza, dice, cuando escuchó esa frase: "Tuvimos que mover los cuerpos para buscar alimentos". Era el testimonio de una mujer de Dichato, un pequeño pueblo costero ubicado 40 kilómetros al norte de Concepción, que prácticamente dejó de existir cuando fue arrastrado por una ola. El tsunami destrozó más del 80 por ciento del pueblo, y desplazó las casas más de 700 metros de su emplazamiento original. Su determinación fue espontánea, cuenta: "Tenemos que hacer algo". Era martes por la mañana. Lady tomó el teléfono y comenzó a llamar a empresas de transporte. Enseguida una le dijo que sí, que ellos ponían el camión, el petróleo y el chofer. Después pidió los días en el trabajo, llamó a su pololo y a sus amigos, colgaron carteles pidiendo ropa, agua y alimentos, y empezaron a organizarse para clasificar las donaciones y encarar el largo camino a Dichato.




































