El Departamento de Justicia del estado de Texas (EEUU) guarda un archivo de los últimos momentos de las 500 personas ejecutadas desde 1976. Algunos de esos testimonios se han dado a conocer en el sitio web del organismo ayer.

El Departamento de Justicia del estado de Texas (EEUU) guarda un archivo de los últimos momentos de las 500 personas ejecutadas desde 1976. Algunos de esos testimonios se han dado a conocer en el sitio web del organismo ayer.
"Solo quería dar las gracias a todos los que me han apoyado. Esto no es un fracaso, es una victoria. Me voy con Jesús. Los quiero". Esas fueron las últimas palabras de Kimberly McCarthy antes de ser ejecutada el pasado 26 de junio por inyección letal y convertirse en la quinta mujer ajusticiada en Texas desde 1854.
El archivo ofrece información detallada de los delincuentes que son ajusticiados en el penal. Fotografía de perfil, nombre y apellidos, edad a la que cometió el delito, raza, altura y fecha de ejecución. La página web también detalla la profesión del reo y los detalles del crimen por el que fue condenado a muerte.
El perfil de cada reo recoge las últimas palabras del acusado antes de recibir la inyección letal y después de ser tumbado en la camilla para proceder a la ejecución. Los testimonios son escuchados por las personas que se encuentran en la sala contigua.
La publicación de las últimas palabras de los reos no está exenta de polémica. Abogados y activistas contra la pena de muerte han criticado con dureza esta decisión del Departamento de Justicia Criminal de Texas.
En esos registros aparece de todo. Hay declaraciones de amor: "No llores, te estaré esperando al otro lado", dijo a Domingo Cantu en 1999; o "Te quiero, quiero que sepas cuánto te quiero. Todo va a ir bien, va a ir bien. Eso es todo", dijo a su amada Alvin Crane en 1998.
Hay otros reos que prefirieron dejar constancia de las supuestas injusticias que sufrieron y de las diferencias entre el valor de una vida y otra (la mayor parte de los condenados a muerte en Texas son negros o hispanos), tal el caso del latino Henry Porter, quien tras agradecer a los sacerdotes "el apoyo espiritual" que le dieron en la cárcel argumentó: "Esta es la igualdad en la Justicia americana. La vida de un mexicano no vale nada. Esta es su igualdad".
Otro condenado (cuyo nombre no trascendió) acusó al sistema judicial de proteger a un capo de la droga: "Yo no maté a mi mujer. Jack Leary le disparó después de que ella estuviera con el distribuidor Chico Fernández".
Los arrepentidos. También están quienes se arrepienten. "Sólo quiero pedir perdón a la familia. Sé que les causé un montón de dolor y sufrimiento y espero que encuentren paz y descanso con esto", dijo Alvin Crane antes de expirar.
Las últimas palabras del condenado número 646 fueron: "Adiós a mi familia; los quiero a todos. Perdón a la familia de la víctima. Desearía poder hacer las paces con ellos".
El primer condenado en 1976, Charlie Brooks, fue también el primero en encomendarse a Dios. En este caso el reo era musulmán y dejaba escrito: "Como devoto musulmán, he sido enseñado y creo que esta vida material existe sólo por el propósito expreso de preparar a cada uno para la vida real que viene después".
Otro, en este caso un cristiano ajusticiado en 2011 escribió: "Gracias, Cristo. Gracias por bendecirme. Sé que eres tú, Jesucristo, el que ha obrado este milagro en mí".
En 1997, el preso Aaron Lee Fuller aprovechaba sus últimas palabras para reconciliarse con su fe. "Jesús, el Señor, es todo para mí. Yo no soy nada sin El. Alabanzas a Jesús. Alabanzas a Dios".
Hubo condenados que fueron más allá y perdonaron a sus verdugos. "Yo los perdono a todos. Espero que Dios también los perdone", dijo Billy C. Gardner en 1995. En 2010 Michael Perry expresó algo similar: "Sí, quiero empezar diciendo a todo el que está involucrado en esta atrocidad, que los perdono a todos. Mamá, te quiero...(entre sollozos)".


