La informática es un extraordinario auxiliar de los sistemas administrativos en empresas, instituciones militares, aduaneras, policiales; en aeropuertos, clínicas y en fin, allí donde toda gestión necesite información precisa y al instante. Por eso el proceso en red de datos es de significativa ayuda. Sin embargo, en los bancos el fantástico universo de las computadoras no se refleja cabalmente. Un banco sigue siendo el paraíso de las planillas y las fotocopias. De nada vale que haya dispositivos para almacenar miles de datos e imágenes; no importa... su majestad el papel, sigue siendo el amo y señor. Donde sí el sistema bancario utiliza todo el poder de la computación en favor de sus clientes, es en sus transacciones virtuales, que ahorran tiempo y evitan colas en forma notable. Pero en casi todas las casas bancarias el rey es el viejo formulario, producto de la nobleza de los árboles cuya tala preocupa a los ambientalistas. Es que paradójicamente, mientras más crece la posibilidad de almacenar información en avanzados sistemas informáticos, mayor es la cantidad de toneladas de papel utilizado en fotocopias. Algunos bancos utilizan papel reciclado, actitud elogiable porque al menos contribuye a un cierto mejoramiento en el equilibrio ecológico. Una simple cuenta de ahorro despliega un festival de planillas que, eso sí, nos permite ejercitar nuestra firma (que tal vez habíamos olvidado) rubricando numerosas hojas. Seguramente los empleados bancarios (víctimas también de tanto papelerío) tengan a mano una respuesta convincente para explicar este anacronismo. Pero si la computación permite comandar módulos espaciales, cómo no va a poder solucionar algún detalle (si es que existe) que actualmente no permite agilizar la pesada operatoria bancaria. No digo que lo consulten a Bill Gates porque va a ser un poco difícil; pero hay técnicos en informática muy capacitados como para mejorar la gestión de los bancos ante el público. Los clientes y los árboles estarían agradecidos.



























