La cantidad de denuncias por abusos sexuales por parte de religiosos de la Iglesia Católica llega "al menos a 32" en Argentina, aseguró Jorge Llistosella, autor de un libro en el que investigó esta problemática.

La cantidad de denuncias por abusos sexuales por parte de religiosos de la Iglesia Católica llega "al menos a 32" en Argentina, aseguró Jorge Llistosella, autor de un libro en el que investigó esta problemática.
"En los últimos 50 años, los casos de abuso a menores a nivel mundial ascienden a nueve mil. No obstante, debe haber más denuncias que nunca se hicieron públicas y, sobre todo, muchísimos casos en los que las víctimas no se animaron a denunciar", señaló Llistosella.
La entrevista con el autor de "Abusos Sexuales en la Iglesia Católica" se produce a un día de que un ex religioso del Colegio Marianista del barrio porteño de Caballito, Fernando Enrique Picciochi, enfrente un juicio oral y público por "corrupción de menores" por hechos que el cura habría cometido cuando los denunciantes tenían 13 años, en 1989. "Con la anuencia del Vaticano, la Iglesia tiene una actitud sistémica: ocultar, amparar y silenciar los abusos sexuales cometidos por integrantes de su credo", aseguró el investigador.
Para LListosella, "si se pudiera fotografiar la actitud de la Iglesia en todo el mundo la imagen sería despreocuparse por las víctimas, pedirles que no demanden a sus victimarios o trasladar al religioso a otra parroquia". Incluso, precisó, "más de una vez si hay reincidencia, y para los casos gravísimos se opta por el alojamiento del abusador en casas de reclusión, donde se manda a los «irrecuperables», una de las cuales está en Tortuguitas".
De los 32 casos denunciados que el autor recopiló de Argentina, el que mayor difusión tuvo fue el de Julio César Grassi, responsable de la Fundación "Felices Los Niños". "La Iglesia nunca se ha pronunciado sobre Grassi, a pesar de que el 10 de junio de 2009 fue condenado a 15 años de prisión por el Tribunal Oral en lo Criminal Nº 1 de Morón, cuyos miembros lo consideraron culpable de los delitos de abuso sexual agravado por resultar sacerdote, encargado de la educación y de la guarda del menor víctima, y de corrupción de menores", advirtió.
"Además de la coerción directa sobre las víctimas, la Iglesia también presiona sobre los medios de comunicación, que se convierten en cómplices o justificadores de los delitos. En Argentina, por ejemplo, dos medios nacionales muy importantes no publicaron nada sobre el caso de Isabel Margarita Lagos, conocida como sor Paula, que era superiora de la congregación de las Ursulinas en Chile y fue denunciada por abusos", sostuvo.
Por María Laura Cicerchia

Por Nachi Saieg