El viernes a la noche, después de todo un día de bajísima tensión (llegamos a medir 166 volts) en mi edificio de Dorrego 737 sufrimos un corte total. Al momento de enviarle esta carta seguíamos sin servicio, por cuarto día consecutivo, y sin perspectivas de solución. Desde los diversos teléfonos de la empresa, y después de esperas interminables, se argumentó que el trabajo no se podía hacer por la presencia de un "corralito" de la Municipalidad sobre la tapa de la cámara subterránea fuera de servicio. No es así: la valla deja libre la tapa. Y desde el servicio de Emergencias de la Municipalidad tildaron de "increíble" el argumento de la EPE. La obra municipal se limita al cordón, para hacer una rampa para discapacitados, no afecta cañerías ni cables subterráneos. A la "amansadora" telefónica hay que sumar entonces la mala fe, la disposición a encontrar cualquier excusa para no trabajar. No importa que media manzana se quede 3 ó 4 días a oscuras. La EPE incurre así, alevosamente, en incumplimiento de contrato. Yo, en cambio, sí tengo que cumplir mi parte del contrato: antes del 8 de marzo, por ejemplo, tengo que pagarle 436 pesos a la EPE. Si no, me cortarán el servicio por "incumplidor". Es evidente la asimetría y la injusticia en la ejecución de este contrato. Las camionetas de la EPE llevan un eslogan irritante: "La EPE es nuestra". Tienen razón: es de ellos, no de nosotros.































