Pareciera que todo profesional debiera poseerlas y practicarlas (la ética y la educación), pero no. Todo lo contrario. Profesional en dermatología que se maneja con reglas poco claras sobre el funcionamiento interno y sus prestaciones (tercerizadas que realizan otros profesionales dentro de la clínica), que en ningún momento le comunican al paciente, en la primera entrevista, cuales son las “modalidades” del lugar, para aceptarlas o no. Iniciado el tratamiento, realizada la segunda sesión, pagado (y muy bien pagado), se informa el “control” de la práctica por parte de la dueña o directora. No quedando otra, a pesar de la desinformación, se realiza el control, en el que en forma autoritaria e inconsulta se comienza a sacar fotos, produciendo aún mayor malestar. Ante tal avasallamiento me niego a que se continúe con las fotos, desatando la ira de la profesional, quien me amenaza con el resultado del tratamiento (sin las fotos no te vengas a quejar), ¿el tratamiento eran las fotos? ¿o la práctica? Doctora ¡por favor! Soy una señora, profesional, pero ante todo educada. Es válido destacar que la gran mayoría de los profesionales de la salud hacemos honor con dedicación, respeto, educación y ética, pero aquellos que lo carecen, deben ser puestos en evidencia.

































