El pasado domingo 07/04 fui a misa a Natividad del Señor. Hacía muchos años que no iba a la mañana temprano. Accedí a la misa de las 8 y luego aguardé unas horas más para la bendición del padre Ignacio. Me gustaría destacar la incansable labor del padre y no sólo por la grandeza e incondicionalidad de la misma, sino porque debe ser muy difícil para él trabajar en el medio de todo lo que presencié y que no creo que se haya dado sólo en esta fecha. Me cuesta creer que haya gente que aún no haya comprendido, en tantos años, que básicamente Ignacio es tan ser humano como cada uno de nosotros; no es Dios, ni está después de El, ni nada de todo eso, ni tantas cosas de las que la gente intenta autoconvencerse de que es. Por otra parte, la gente tampoco entendió que el sacerdote trabaja para la comunidad, para cada uno (ni más ni menos) de los que cada día llegan a su parroquia, se entrega completamente sin diferenciar nada. Entonces, como la gente aún no lo entiende, va a su parroquia creyendo que va de pic-nic, y se comporta gritando, murmurando, empujando, queriendo adelantarse y demostrando que en verdad casi nadie aguanta la espera, que es parte del proceso que uno emprende desde que sale de su casa, hasta que regresa. Vi de todo, oí de todo, hasta una madre que en medio de la espera colocó a su hija música infantil a alto volumen y se puso casi a saltar y bailar. Y también observé cómo una mujer intentó increpar a un colaborador que (obviamente comandado por el mismo padre) alternaba a las personas para que se acomoden en una fila que conduciría a la bendición final. Mucha gente de bien (la poca que sabe comportarse) trató de hacerle entender que a esas alturas no era oportuno intentar estar un lugar antes o después, sino que todos pasaríamos Hace algunos años que concurro a sus misas, y lo que puedo decir es que los servidores de Ignacio están comandados por sus órdenes, así que el que no las acepte no acepta al sacerdote, él decide, él manda en su parroquia y es lógico. Al pasar por la bendición se oyó la voz de Ignacio que solicitaba que no ingrese más gente y que se cierren las puertas: no sé hasta qué punto eso mismo no se debió al mal comportamiento de la gente (eso es una opinión mía), lo que sí puedo decir es que regresé a mi casa, considerando la posibilidad de no volver más, y no por el padre sino por la misma gente. Sentí vergüenza ajena. Pero como gracias a Dios _y ojalá así siempre sea- no fui por algo grave, sino simplemente para agradecer y recibir la bendición como muchos, también sentí que sería bueno que hagamos un autoexamen de conciencia y dejemos el lugar a los más necesitados, que en verdad son las personas que mejor soportan las horas de espera, muy a pesar a veces de padecimientos físicos, que por lo visto no tienen los que se adelantan corriendo o gritando, cuando deberían estar orando y en silencio esperando ser bendecidos para irse. El día que la gente pueda comprender que venir a la parroquia no es un tour de compras por La Salada, ni un encuentro social y mucho menos la asistencia a un teatro, y entiendan a Ignacio como ser humano, entonces podremos facilitarle la labor al padre. De lo contrario, sólo conseguiremos alejarlo y que restrinja su actividad por los más necesitados.






























