La historia de la ciencia ha demostrado en muchas ocasiones (léase a Galileo Galilei y Darwin, entre otros) que el discurso de la ciencia aparentemente es incompatible con las razones sostenidas por la fe. Pues bien, por esto mismo me sorprendió gratamente (gratamente pues no creo en la irreconciabilidad de ambos), los dichos sostenidos por María Teresa Dova en La Capital del 27 de septiembre pasado. En efecto, esta física que participa de los experimentos de la denominada máquina de Dios (poderoso acelerador de protones) hizo en la citada nota revelaciones científicas verdaderamente sorprendentes. La periodista le dijo: "Se sabe que el universo tiene límites y que existió el Big Bang, la explosión original, ¿puede uno preguntarse que hay más allá del universo o antes del Big Bang? Dova responde: "El Big Bang no es una explosión, es una eyección de materia y energía antes concentrada en un punto, que es un punto de espacio-tiempo. Sólo a partir de allí empiezan a aparecer las dimensiones como las conocemos y el tiempo. Todo estaba concentrado en un punto". Ahora bien ¿qué es un punto? Veamos, necesito al menos dos puntos para obtener una línea y siendo la línea una dimensión, luego el punto es cero dimensión. En otras palabras, Dova, vocera de la ciencia, está diciendo que de una nada, surgió la materia. El poeta del texto bíblico suplanta la frase "todo estaba concentrado en un punto" por la palabra Dios y está diciendo exactamente lo mismo, sólo que lo dijo miles de años antes que la ciencia. Moraleja, todo lo que la ciencia descubre, el poeta ya lo dijo primero.



























