Escribo desde la impotencia, la bronca y el recuerdo sin nostalgia. Impotencia por no poder agilizar los tiempos de la "justicia" y por no tener forma de hacer que las cosas sigan en un camino "recto". Bronca de que las víctimas de crímenes contra los derechos humanos no tengan derechos reales, de que siempre haya alguien que quiera sentarse arriba de la pila de expedientes, archivos y pruebas. Recuerdo sin nostalgia de algo que pudo haber sido lindo y normal, pero no lo fue, porque alguien creyó por un momento ser "Dios" y decidió que un Señor no tenía que vivir más, simplemente por haber cumplido con su trabajo. Ese Señor estudió muchos años para recibirse de abogado y así poder defender los derechos humanos de cualquier ser humano, sin importar religión ni pensamiento político. O tal vez ese "Dios" pensó que había una mujer que no merecía ser feliz con su marido. O pensó que los hijos de ese Señor se habían portado mal y por lo tanto no debían tener más padre que los pudiera criar con sus mismos valores. No lo sé y realmente poco importa después de 34 años de "justicia" un poco lenta, poco importa. La herida ya está abierta y la cicatriz, por más que le eche azúcar, no cierra, te juro que no cierra.



























