El 20 de diciembre se dio por finalizada la Cumbre de Copenhague tras un desentendimiento total sobre el cambio climático, atribuido al efecto invernadero provocado por el hombre mediante emisiones contaminantes de CO2 (dióxido de carbono). Lección para el mundo con un diagnóstico totalmente falso y mal intencionado. Especialistas en climatología consideran a este tema de actualidad como uno de los más controvertidos. Aseguran que el fenómeno no es achacable a la actividad humana, sino consecuencia de la rueda cíclica a la que está atada la Tierra desde su formación, historia que se remonta a 4.700 millones de años. Desde la remotísima era Arcaica en que nuestro planeta adquirió una corteza suficientemente firme, donde las aguas de los océanos la cubrían en un noventa por ciento, en los polos no existían los hielos. Desde el Artico, pasando por el Ecuador y llegando hasta la Antártida, la temperatura era fija: 13º grados en los continentes y en 24º grados en los océanos. En el Mioceno, en el Artico crecían las palmeras y en la Antártida las araucarias, donde los dinosaurios se esparcían por el orbe en dispar variedades, y en la atmósfera ya existía gran proporción de CO2. Como se sabe, el clima es muy complejo y difícil de predecir. Ni siquiera los mejores modelos climáticos pueden aventurar una previsión de lo que será este fenómeno en el futuro. Si retrocedemos en el tiempo, faceta llamada paleoclimatología, sólo obtendremos información sobre los registros fósiles en las marcas de los glaciares. El observatorio franco-italiano instalado en la meseta Concordia de la Antártida ha comprobado que hace 28.000 años, cuando la vida humana era totalmente inexistente, nuestro planeta atravesó un período atmosférico cálido y prolongado. En bolsas de aire de los hielos antárticos descubrieron grandes concentraciones de gases invernaderos, dióxido de carbono y metano. Este último gas es originado por la putrefacción de vegetales. El dióxido de carbono y el metano han alcanzado niveles sin precedente en la historia de la Tierra desde los último 440.000 años. Desde aquel entonces, se registran ocho ciclos de largos tiempos climáticos, como de glaciación y desglaciación, lo que nos permite comprender que la naturaleza es poseedora de una dinámica de equilibrio inestable, cosa que el hombre jamás podrá torcer.


































